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Oct 15 2013

El Diario Capítulo 2

Renuncia: Candy Candy y todos sus personajes pertenecen a Kyoko Mizuki, imágenes a Yumiko Igarashi y el ánime a Toei Animation.

Nota: ¡Muchas gracias, Quevivacandy!

-Ms Puddle

Capítulo 2

Ya que viajamos con nuestros socios comerciales, no tenemos mucho tiempo libre y el trabajo es inevitable. Cuando llegamos a Sao Paulo, después de días de viaje a bordo de un barco de pasajeros procedente de Nueva York, tuvimos reuniones después de las reuniones con nuestros socios comerciales locales. George es de nuevo muy confiable y experto y he aprendido mucho de su experiencia. Además de eso, lo que más me sorprende es que en realidad empiezo a disfrutar del trabajo.

Después de nuestra última reunión de esta noche, sugiero que regresemos caminando a nuestro hotel, ya que está a pocas cuadras de distancia. Sin embargo, de repente hizo frío.

“En casa debe de haber calor y aquí el invierno acaba de empezar,” Le comenté a George, sacando el cuello de mi chaqueta y tratando de juntarlo con fuerza en un esfuerzo para protegerme del aire fresco de la noche.

Con una media sonrisa, él responde, “Si… parece que va a estar un poco más frío mañana.”

Mientras vamos a la deriva por la calle, veo un muy elegante abrigo de invierno, en verde claro, exhibiéndose en una vitrina. “George, espera un minuto”.

Me detengo para darle un vistazo más de cerca, recordando el día que le compré a Candy un abrigo de primavera desde Rockstown, en un intento de llevarla de regreso a Terry. En este punto, una idea me golpea con fuerza. Si yo tuve el valor y corazón para hacer eso por ella en aquel entonces, ¿Por qué no puedo hacerlo ahora? Lo que más me importa es su felicidad, ¿no es así?

Dado que la tienda ha cerrado, me dirijo a George, “Por favor recuérdame volver otro día para comprar esto”.

El asiente y responde, “Este se verá muy bien en la señorita Candice. Será un buen recuerdo de Sao Paulo.”

Al igual que las noches anteriores, ya es pasada la media noche cuando tengo algo de tiempo libre en mi habitación de hotel. Sin embargo, esta noche siento ganas de escribirle, porque lo más probable, es que ya ha recibido mi breve respuesta. De hecho, cada vez que tengo un poco de tiempo a solas durante este viaje de negocios, a menudo contemplo como responder a las preguntas de su carta anterior, por lo que solo debo poner mis pensamientos en palabras. Por lo tanto, no tengo que luchar mucho para escribir esta vez.

A mí (quizás) bellísima Candy

Ahora mismo estoy en un hotel en Sao Paulo. Son pasadas las 2 de la madrugada. Finalmente tengo tiempo para mí.

Estoy bien, no hay necesidad de preocuparse.

He disfrutado estos días trabajando.

Al parecer acabo de heredarlo de mi padre William.

Me alegro que hayas disfrutado de tu cumpleaños. También disfrutaste de la fiesta, ¿verdad? Lo siento, tuve que irme antes que ésta terminara.

…’

A continuación describo exactamente cuándo recuperé mi memoria y que pasó antes y después de eso. Le debo una explicación después de todo.

‘…

He debido decírtelo enseguida, pero no lo hice.

Aun hoy siento que debo pedir disculpas por eso.

Candy, tampoco yo habría querido dejar el suave calor de aquella vida contigo.

…’

¿Podrá ser ella capaz de conectar el hecho, que yo escondí mi recuperación porque no podía separarme de ella? Continué mi vida con ella no porque quería escapar de mi propia familia, y a pesar de mi dilema, su rostro sonriente era lo que anhelaba ver después de cada largo día de trabajo.

‘…

Si no te hubiera encontrado…

Candy, entonces no era más que un individuo sospechoso de identidad desconocida que había perdido la memoria.

Pero no me abandonaste incluso en ese estado. No me abandonaste incluso cuando te despidieron del hospital.

Continuaste animándome, diciéndome que te había ayudado solo una vez, que mi memoria volvería sin duda.

No puedo agradecerte lo suficiente.

Voy a continuar en el futuro ayudándote a encontrar la felicidad.

Te prometo que cuando vuelva voy a tomarme unas vacaciones para visitarte.

Bert’

No me puedo imaginar que hubiera sido de mí sin ella en ese entonces. Ella nunca se fue de mi lado, cariñosa y bondadosamente animándome todo el tiempo, a pesar que su reputación estaba arruinada por mi culpa. Lamentablemente, yo fui el que la dejó, no fue al revés.

Después de escribirle esta respuesta, creo que estoy listo para enfrentar lo que está por venir. No es justo para ella si continuo siendo vago respecto a mis sentimientos hacia ella, pero antes de desnudarle mi alma, tengo que saber qué es lo que la hace feliz en primer lugar, incluso si eso significa que ella regrese con Terry. Me digo a mí mismo, si ella es feliz, entonces yo debería ser feliz por ella. Por supuesto voy a sufrir por un período de tiempo si resulta que he mal interpretado sus sentimientos hacia mí, pero debería de ser capaz de sobrevivir y continuar para seguir cuidando de ella después de eso.

Así que al día siguiente, le informo a George de mi plan de visitar el Hogar de Pony al terminar este viaje de negocios. Reconoce que merezco un breve descanso y me promete que hará todo lo posible para organizarlo.

Cuando regresamos a Chicago en Julio, estoy más que feliz de encontrar una carta de Candy en mi correspondencia. Eso significa que ella ha leído la larga carta que le envíe.

Querido Albert

¿Cuándo crees regresar de Sao Paulo?

¿Cuándo vendrás al Hogar de Pony?

Si realmente me estás tan agradecido, espero que vengas muy pronto.

Pero ahora Albert, ¿”Bert” era tu apodo?

¡Qué bonito se oye!

Bueno, hoy mi carta termina aquí.

Pero solo porque quiero reunirme y hablarte en persona.

¿Tal vez estoy siendo un poco parca?

Candy’

¿Parca? Por supuesto que no. Esta respuesta me hace extrañarla aún más, y ¡Cómo he deseado visitarla! Aunque su carta es muy breve, era obvio que quería verme. ¿Me extrañará ella también?

Gracias a George, voy a tener libre el próximo fin de semana. Desde que Candy tiene que trabajar en la Clínica Feliz del doctor Martín, me imagino que el domingo será más adecuado para ambos. Además, tengo la intención de darle una sorpresa ya que ella todavía no sabe que estoy de vuelta en Chicago. [1]

Esta vez, he traído su diario conmigo a Lakewood. Lo coloco sobre el escritorio en el solárium, la habitación donde ella descubrió mi verdadera identidad hace mucho tiempo. Después de conocer la impactante verdad, creo que es lo suficientemente inteligente para saber que yo tengo su diario personal. Sin embargo, ella no ha mencionado nada al respecto y yo tampoco.

Ahora que me he hecho a la idea de devolvérselo, me siento extraordinariamente tranquilo e incluso relajado por todo este asunto. Estoy preparado para lo peor. Si este diario demuestra que ella todavía ama a Terry o de alguna manera, reaviva su amor por él, que así sea. Es su tesoro después de todo, y no tengo derecho a conservarlo conmigo para siempre.

Por lo tanto, después de una noche de pacífico sueño, estoy listo para ponerme en camino hacia el Hogar de Pony tan pronto como salga la mañana. Cuando me visto, en lugar de usar mis regulares, ropas casuales, siento que debo presentarme hoy con lo mejor de mí porque voy a reunirme con la mujer de la que estoy enamorado.

Así que escojo una camisa fina, la cual Vincent, el esposo de mi fallecida hermana Rosemary, me compró en Francia hace dos años. Después de todo, este es mi día del juicio, y no importa cuál sea el veredicto, es un día para recordar. Solo espero, que Candy no me pida hoy subirme a un árbol con ella.

Cuanto más cerca estoy de mi destino, más ansioso me encuentro. Mi respiración se vuelve superficial y rápida, y mi corazón empieza a palpitar. El trayecto parece mucho más largo de lo habitual porque no puedo esperar a ver a Candy de nuevo por primera vez desde su cumpleaños en mayo. ¿Cómo va a reaccionar por mi inesperada visita? ¿Será cálida o incluso indiferente, diciéndome que tiene muchas tareas domésticas por hacer? ¿Estará renuente a pasar todo el día conmigo? Mantengo mis dedos cruzados para que ella todavía no esté haciendo algo con los chicos, sin embargo, presiono más a fondo el pedal para acelerar.

Como no deseo que alguien note mi presencia, intencionalmente me he estacionado en algún lugar lejos del Hogar de Pony. Pero un adolescente viene hacia mi auto en cuanto apago el motor. Tiene buenos modales porque cuando se acerca, se inclina levemente y me saluda, “Buenos días, Señor Ardley.”

¿He conocido a este apuesto chico antes? ¿Cómo es que conoce mi nombre? Entonces pregunta, ¿Está aquí para ver al Jefe? Ella no se encuentra en el Hogar de Pony en estos momentos.

Mi corazón se hunde, pero ahora lo he reconocido, así que exclamo, “¿Jimmy? ¿Eres tú Jimmy? Has crecido mucho, y ¡Hasta tu voz se ha enronquecido!”

“Ahora soy un chico grande, Señor Ardley,” murmura enrojeciendo, en el momento en que bajo de mi auto. Cuando estoy a punto de preguntarle donde se encuentra Candy, él mide su altura con la mía y suspira profundamente, “Todavía soy bajo comparado con usted. No me extraña que el Jefe me trate como a un chiquillo a pesar que ya soy más alto que ella.”

Estoy sorprendido por sus comentarios. ¿Por qué él intenta llegar a mi altura?

Luego añade, “El Jefe se ha ido a pescar con los chicos al río. El señor Cartwright necesitaba mi ayuda esta mañana después de la misa dominical y ahora que he terminado, estoy en camino para ir a ayudarla. ¿Quiere que le informe que usted se encuentra aquí?

“No,” respondo en seguida, aliviado que ella sigue estando por los alrededores. “¿Por favor, puedes indicarme dónde se encuentra el río?”

El deja escapar sorpresivamente una carcajada, pero muy pronto ríe disimuladamente, “Lo siento, Señor Ardley. No puedo dejar de visualizar cómo va a reaccionar ella, sobre todo porque sé que debe estar toda desarreglada en estos momentos.”

Ambos rompimos en carcajadas. Ha pasado un tiempo desde la última vez que reí de buena gana. Entonces dice, “De todos modos, será mejor que lo lleve con ella ahora. El Jefe se molestará si sabe que lo he mantenido conmigo sin que ella esté enterada.”

“Claro, por favor,” respondo, sintiendo como corre ya la impaciencia por mi cuerpo.

Luego me indica, “Por favor venga por aquí, Señor Ardley. Le mostraré un atajo.”

Me lleva arriba hasta la Colina de Pony, y en nuestro camino allí, trato de persuadir a Jimmy para que me llame Albert, igual que Candy lo hace. Me doy por vencido después de un tiempo porque él explica, “la Señorita Pony insiste que debemos dirigirnos a usted como Señor Ardley, a pesar que todos sabemos que Candy lo llama por su primer nombre. He protestado más de una vez, pero la Hermana María insiste diciendo que Candy es un caso especial.”

Entonces imita la voz de Candy, “Albert esto y Albert aquello…”

Instantáneamente, me río alegremente ante su imitación, y él dice, “Yo creo que usted no sabe con qué frecuencia ella verifica si usted le ha enviado alguna carta.”

He oído sus palabras y no puedo dejar de sentirme eufórico, pero comento, “Veo que le prestas mucha atención, Jimmy.”

Su rostro se torna rosa enseguida, río y hago un comentario, “Por cierto, Albert no es mi primer nombre, pero no tiene importancia.”

“¿En serio?” Pregunta confundido, pero justo en ese momento, escucho una voz femenina a lo lejos, “¿Albert?, ¿Eres tú Albert?”

Mi corazón da un vuelco. ¡Es Candy! Giro mi cabeza hacia donde proviene el sonido de su voz y la veo correr cuesta arriba, con su cabello volando detrás de ella. Así que corro hacia ella y cuando se acerca, salta y arroja sus brazos alrededor de mi cuello, gritando, “¡Mi príncipe, estás aquí… por fin! Dime que esto no es un sueño…”

¡Todavía me llama ‘Mí príncipe’!

“No Candy, no estás soñando,” Le respondo tiernamente, abrazándola con fuerza. Emociones me inundan ahora cuando sé que ella está lejos de ser indiferente. De hecho, estoy tan intensamente conmovido que tengo que luchar con el impulso de confesarle mi amor aquí mismo. Tengo que seguir recordándome que debo esperar hasta que esté convencido que ya ha superado a Terry. Devolverle el diario el día de hoy será mi primer paso importante.

Mientras no encerramos el uno al otro en un abrazo, Jimmy tose y dice “Jefe, tomaré tu lugar para ver a los chicos en el río.”

Ella suelta su agarre de mí enseguida y se endereza, sonrojándose furiosamente. “Gracias, Jimmy. Te lo agradezco.” Supongo que ella no había visto que Jimmy se encontraba allí.

“No hay ningún problema Jefe, de todos modos, no tengo nada que hacer en estos momentos,” Responde con una sonrisa tranquilizadora.

A continuación ella explica con una mirada tímida en su rostro, “Iba a buscar una caña de pescar para mí… pero me emocioné porque no podía creer lo que veía…”

A medida que su voz se apaga por la vergüenza, Jimmy se burla, “Jefe, no hay necesidad de explicar más.” Entonces él se vuelve hacia mí y dice, “¡Que tenga muy buen día, Señor Ardley!” Entonces agita su mano derecha hacia nosotros y camina cuesta abajo, silbando.

Pero lo siguiente que hace Candy me desconcierta. Noto que ella está girando su cabeza de lado a lado, así que pregunto con asombro, “Candy, ¿Qué es lo que estás buscando?”

“Albert, ¿Vendrá George pronto por tí?” Pregunta, frunciendo sus cejas levemente.

“No, le he dado firmes instrucciones de no molestarme en esta ocasión,” Contesté, sintiéndome culpable por dejarla siempre a mitad de las cosas. Entonces pregunto, tratando de mantenerme sereno, “¿Estás libre hoy?”

Arqueando las cejas en son de broma, me contesta, “Depende. ¿Por qué?”

Mi pulso se acelera y me siento inusualmente acalorado. Si no me equivoco, esta es la primera vez que oficialmente la invito a salir. Así que reúno mis fuerzas y digo, “Candy, tengo todo el día de hoy para hacer lo que yo guste.”

Sus cejas se arquean aún más. Ella sonrientemente me indica, “¿Y?”

Esto es mucho más difícil de lo que pensé, pero me alegro de haber ensayado antes mi discurso en mi cabeza. “Y quiero pasar mi día libre contigo. ¿Aceptarás mi regalo de cumpleaños atrasado?”

Al oír esto, ella exclama con emoción, “¿Albert, esto significa que tenemos el tiempo suficiente para subir juntos a mi árbol favorito?”

Su pregunta me hace reír aunque no estoy seguro si eso fue un “sí”. Pero entonces se apresura a comentar, “Es broma Albert. Ya me di cuenta que estás vestido elegantemente y no quiero arruinar tu camisa fina. Así que, ¿Tienes algún plan en mente?”

Ahora que puedo observarla bien, debo decir que Jimmy estaba equivocado. Candy está muy lejos de estar desarreglada. Sus coletas están ligeramente despeinadas por estar jugando con los chicos, pero sus mejillas rosadas y sus brillantes ojos redondos, son suficientes para hacerla lucir sumamente adorable para mí, incluso vistiendo ropas sencillas. Tengo un impulso abrumador de abrazarla otra vez, pero mi estricta educación ayuda en momentos como este. Con una caballerosa inclinación, propongo, “Sí, lo tengo. ¿Me haría el honor de poder llevarla hoy a Lakewood?”

Ella hace una fuerte inhalación ante mi invitación y responde con otra pregunta, “¿Quién más estará allá? Y ¿Cuál es el motivo?”

Me aclaro la garganta con fuerza para ocultar mi nerviosismo. “Solo nosotros dos, Señorita Candice, y no hay ningún motivo en especial. Así que regresando a mi pregunta inicial. ¿Estás libre hoy?”

Ella parece emocionada, sus ojos brillantes abiertos con regocijo, pero algunos segundos después su expresión se torna cautelosa debajo de su sonrisa. Lentamente reformula mis palabras para asegurarse que ha escuchado bien, “Así que el Príncipe de la Colina está llevándome a Lakewood hoy ¿Solo para pasar el tiempo conmigo?”

Curvo mi boca hasta la comisura de mis labios, moviendo mi cabeza de arriba hacia abajo para confirmarle. Asintiendo impacientemente, ella palmea y responde alegremente, “¡Tengo que cambiarme e informar a mis madres primero!”

“¡Excelente! ¡Vamos entonces!” Me siento extremadamente aliviado, sonriendo ahora de oreja a oreja. Candy ha accedido a hacer más que un viaje conmigo a Lakewood, así que resulta ser que mi preocupación fue en vano. Dirigiéndonos juntos hacia el orfanato, le recuerdo, “Candy, ¿Todavía sigues llamándome príncipe?”

“¡Ay! No puedo evitarlo,” Dice en voz alta, sacando la lengua. “Entonces tal vez ¿Debería llamarte padre o Tío Abuelo William?”

“¿Qué?” Exclamo con estupor, dándole una fingida mirada de disgusto. Pero antes que me dé cuenta, ella ha empezado a alejarse de mi lado, riendo alegremente. Lo curioso, es que no está corriendo para nada rápido, y sigue volteándose para verme, como si quisiera que la alcanzara. Hago caso a su insinuación y cuando se da cuenta que la he alcanzado, da un grito fingido y aumenta su velocidad. Cuando está al alcance de mis brazos, tengo que hacer todo el esfuerzo para reprimir mi deseo de deslizar mis brazos alrededor de su cintura y sostenerla con fuerza contra mi pecho. En lugar de eso, suavemente agarro su muñeca derecha y me inclino hacia delante para darle un beso en la mejilla. Se sonroja como si este fuera su primer beso.

“Albert, ¿Estás bien?” Su pregunta me sacude fuera de mi ensoñación; su rostro se ha transformado en una sonrisa fingida. Me doy cuenta que sí agarre su muñeca derecha para detener su avance, pero no le di ningún beso. Era una fantasía, pero lo sentí tan real.

“Candy, lo siento, ¿Te lastimé?” Rápidamente suelto mí agarre de ella. Niega con su cabeza en respuesta a mi pregunta, pero por alguna razón se ve muy avergonzada. Trago saliva y simulo que nada ha ocurrido y le hablo, medio bromeando, “No vuelvas a llamarme padre, o te voy a seguir la corriente y te llamaré abuela. ¿Está claro, Señorita Candice?” [2]

Con ojos brillantes ella asiente hacia mí, sus labios se tornan en una amplia sonrisa juguetona, así que hago rodar mis ojos hacia ella con fingido enojo. En ese momento, me doy cuenta que estamos de pie bajo la sombra de un árbol gigantesco, donde hay una escalera hecha de cuerda que cuelga de una de las ramas más fuertes. Le pregunto, “Candy, ¿Pusiste tú esta escalera?”

Negando con su cabeza, ella responde, “No fui yo. Jimmy lo hizo. Dijo que no todos los chicos con tan valientes y ágiles como nosotros, así que la colocó para que los otros también pudieran subir.”

“¡Es una gran idea!” Digo en voz alta, dando un gesto de aprobación. “Este es tu árbol favorito, ¿no es así?”

Ella asiente, mostrándome su sonrisa más encantadora, que me mete de nuevo en un ensueño. Mi mente viaja a la deriva hacia nuestro primero encuentro hace muchos años, entonces, ella tenía la misma sonrisa cautivadora.

Así que por esto, casi no alcanzo a escuchar sus palabras, “Cuando era niña, me gustaba subirme a este árbol para darle un silencioso adiós a cada chico que había sido adoptado,” Ella comenta en tono pensativo, mirando hacia arriba a las ramas más altas, con sus grandes ojos esmeralda enmarcados por largas pestañas, brillando en el sol. Me tiene embelesado. No creo que tenga idea cuan tentadora se ve en estos momentos. ¿Quién iba a pensar que una niña llorona se convertiría un día en una mujer atractiva?

Ajena a mis pensamientos, vuelve su atención hacia mí un momento después, diciendo en voz baja, “Ahora me gusta leer tus cartas allá arriba mientras veo la puesta del sol”.

No puedo evitarlo sino pararme más cerca de ella, y me oigo murmurar en voz baja, “Me preguntaste acerca de ‘Bert’ en tu carta…”

No puedo dar crédito a mis oídos. No sé qué se apodera de mí, pero no quería hablar sobre esto hasta traerla de vuelta esta noche. Pero ella responde con deleite, “¡Sí!, ¡Suena muy lindo! ¿Era éste tu sobrenombre cuando estabas en la universidad?”

De todas formas, pueda ser que también le haga saber que Rosemary me dio este apodo. “Mi hermana solía llamarme ‘Pequeño Bert’. Candy, nadie más excepto tú, sabe acerca de esto. Ni siquiera George.” [2]

“¡Debes estar bromeando! ¿Pequeño Bert?” Ella pregunta con incredulidad, cubriendo su boca con la mano para ocultar su rostro sonriente.

“¡No estoy bromeando! Pero lo hacía solamente cuando estábamos a solas. Yo era mucho menor que Jimmy cuando ella falleció,” Respondo con una sonrisa nostálgica.

Su rostro jovial entonces se transforma en uno triste. Entonces, me ve con una mirada comprensiva y muy delicadamente afirma, “La extrañas, ¿No es así?”

La miro directo a los ojos por un breve momento y comento nostálgicamente después de eso, “Nadie me ha amado de la manera en que ella lo hizo, tan profunda e incondicionalmente. Era la única persona en la familia quien me alentaba a ser yo mismo. Candy, ¿Te he dicho que tú me la recordaste cuando te encontré de nuevo cerca de la cascada?”

Ella sacude ligeramente su cabeza, sosteniendo mi mirada por unos pocos segundos antes de apartar castamente sus ojos de los míos. Entonces digo, “Siento que puedo hablar casi de todo contigo, así que por eso te dije muchas cosas acerca de mí en mis cartas, incluyendo este apodo”.

Ella lo reconoce asintiendo en silencio, evitando aún mis ojos. No hay mejor momento que ahora, así que tomo valor y le hablo con mi voz más afectuosa, “Por favor, siéntete en la libertad de llamarme Bert, pero solamente si lo deseas.”

Me mira inmediatamente, su rostro pintado con asombro. La sangre que se precipita hacia su cabeza ha tornado su hermoso rostro en una sombra de color carmesí. Parece que ella quiere decir algo, pero nada sale. Justo cuando estoy a punto de afirmar lo que he dicho, escuchamos un grito colectivo no muy lejos de nosotros. Ambas, la Señorita Pony y la Hermana María nos han visto juntos y están algo sorprendidas de verme aparecer de la nada.

Así que nos ruegan volver con ellas al orfanato. Mientras Candy está hablando con la Hermana María, la Señorita Pony afanosamente me prepara algunos bocadillos y té. Entonces la Hermana María responde, lanzando una mirada bondadosa hacia mi dirección, “Por supuesto, Candy. Anda ve y disfruta tu día con el Señor Ardley.”

Por lo que Candy viene hacia mí, diciendo, “Albert, no tardaré mucho tiempo.” Sin demora, se precipita por el pasillo.

La Hermana María da un suave suspiro, moviendo su cabeza con desaprobación a espaldas de Candy. Entonces, la Señorita Pony intenta distraerla hablándome a mí, “Señor Ardley, ¿Cómo estuvo su viaje por América del Sur?”

“Señorita Pony, gracias por preguntar,” Respondo después de darle un sorbo a mi taza de té. “Estuvo muy agitado por decir lo de menos, pero debo de estar agradecido que hemos logrado más de lo que anticipamos.”

Solo entonces recuerdo que he olvidado traer los juguetes que he comprado para los niños del Hogar de Pony. Pero antes que pueda informarles que traeré conmigo los juguetes cuando vuelva esta noche, la hermana María plantea una pregunta, “Entonces Señor Ardley, ¿Cuánto tiempo se va a quedar Candy con usted en Lakewood?”

Justo en este momento, el rostro de la Señorita Pony se ilumina, así que entiendo que Candy está entrando en la habitación. Ella es mucho más rápida de lo que pensé, aunque me dijo hace un momento que no tardaría mucho, es como si ya supiera como se iba a vestir. La Señorita Pony extiende sus brazos y dice con mucha ternura, “Ven, ¡Mi querida Candy! Ay Hermana María, ¡Mírela!”

Así que giro mi cabeza curiosamente por encima de mi hombro y cuando echo un vistazo a lo que está frente a mí, mi respiración se corta y mi mandíbula cae. Se ve tan fresca y hermosa vistiendo el abrigo de primavera que le compré en Rockstown, su rostro radiante y su larga coleta fluyendo alrededor de sus hombros, como un turbulento océano de brillantes ondas rubias.

Me apresuro a serenarme, levantándome de la silla. Entonces me acerco a ella, fijando mis ojos en los de ella. “Candy, te ves maravillosa. ¿Estás ya lista para irte?”

Ella asiente hacia mí tímidamente y va a abrazar a sus madres para despedirse. Luego les doy la mano a ellas, diciendo, “Hermana María y Señorita Pony, traeré a Candy de vuelta esta noche después de la cena ya que debo regresar a Chicago mañana temprano.”

La Señorita Pony entonces nos recuerda con una sonrisa maternal en su rostro, “No hay prisa, así que por favor conduzca con cuidado, Señor Ardley. Candy, asegúrate de comportarte como una dama, ¿De acuerdo?”

Apenas y soy capaz de contenerme para hacer un ingenioso comentario y al mismo tiempo Candy me da un guiño travieso. Entonces ella responde con una elegante reverencia, “Prometo que me comportaré Señorita Pony. No se preocupe.”

Poco después que nos hemos ido del Hogar de Pony, ella se refiere al abrigo que está vistiendo, diciendo, “No creo que haya tenido la oportunidad de agradecerte por este regalo, Albert.” Luego inmediatamente agrega en tono molesto, “Me gusta mucho e incluso lo usé en Rockstown, pero es una lástima que no estuvieras allí para verlo.”

¿Qué es lo que está tratando de decirme?

“Pero Albert, ¿Te importa si me lo quito ahora? Siento calor.”

“¡Por supuesto! Estaba por sugerirte eso, pero de todos modos, estoy muy contento que te guste mi regalo, que podría ser útil esta noche cuando volvamos.” Respondo mientras le doy una sonrisa, recordándome que debo ser capaz de descubrir el día de hoy lo que en realidad ella siente por mí. Entonces le ayudo a deslizarlo por sus hombros y lo llevo en mi brazo izquierdo.

Mientras caminamos hacia mi auto, veo que está vistiendo uno de sus mejores vestidos, un vestido verde claro que combina con sus ojos. Pero todavía, éste no puede compararse con esos vestidos costosos usados por las damas de la alta sociedad. Como miembro de la familia Ardley, Candy puede llevar una vida de lujos si ella lo quisiera, pero siendo modesta y práctica, ella prefiere vivir una vida sencilla. En otras palabras, somos dos personas de dos mundos diferentes, pero de alguna manera, conectados desde su niñez y hemos desarrollado sentimientos el uno por el otro. ¿Estará ella dispuesta a renunciar a su actual estilo de vida y aceptar mi amor?

“Albert, ¿Dónde te estacionaste?” Pregunta. Su voz me trae de vuelta al presente.

“Ya casi llegamos. Tenemos que caminar un poco, así que démonos prisa para que tengamos tiempo suficiente para recorrer Lakewood por la tarde.”

Ella me mira con júbilo. “¿Eso es lo que vamos a hacer hoy? ¿Recorrer Lakewood?”

“Si, Señorita Candice,” Afirmo, sonriéndole. “A menos que ¿Tengas otra cosa en mente?”

“No, ¡eso suena como una magnífica idea!” Responde, con las esquinas de su boca convirtiéndose en una radiante sonrisa. Así que doblo mi brazo derecho, esperándola, y con alegría coloca su mano izquierda sobre el hueco de mi brazo. Entonces corremos hacia mi auto, riendo a carcajadas como si fuéramos niños. Estaba tan ansioso por la alegría de pasar tiempo con ella otra vez, que no estoy decepcionado en absoluto. Solo espero que ni la Señorita Pony ni la Hermana María nos vean en este momento.

Poco después que he empezado a conducir, Candy hace una pregunta inesperada, “Albert, ¿Hablabas en serio cuando dijiste que yo también puedo llamarte ‘Pequeño Bert’?”

La corrijo, sonriendo satisfecho, “No Candy, dije ‘Bert’, pero ‘Gran Bert’ también es aceptable.” [4]

Ella se derrumba en un ataque de risa, que es como música para mis oídos. Algún tiempo después, de forma casual sugiero, ¿Quieres aprender hoy algunas canciones populares escocesas?”

Sus ojos destellan con emoción cuando ella responde, “¡Seguro! ¡Me encantaría escucharte cantar! ¿Recuerdas que dije en mi carta que tu tenías una dulce voz?”

Es un trayecto precioso hacia Lakewood. Ambos disfrutamos de los escenarios del camino y de ir charlando el uno con el otro. Verdaderamente adoro a Candy y aprecio su compañía. Ella es la persona más dulce que he conocido y me siento tan cómodo con ella. Algunas veces durante el viaje, cuando ninguno de nosotros está hablando, la sorprendo mirando en silencio y con atención por la ventana. Me pregunto qué clase de pensamientos tiene durante esos momentos.

Más de una vez en el pasado, Candy me dijo su teoría que estamos atados por hilos invisibles, lo que explica por qué nuestros caminos se han cruzado una y otra vez en los últimos años. Bueno, veremos si ella tiene razón sobre si es el destino el que nos une. Es un hecho, ella tendrá su diario de vuelta hoy y por consiguiente, con optimismo sabré en donde se encuentra su felicidad.

Continuará…

Notas:

[1] En CCFS, después que Albert regresó de Sao Paulo, fue a darle una visita sorpresa a Candy, llevándola a Lakewood. Asumo que esto tuvo lugar algún momento durante el verano ya que varias clases de flores que Candy mencionó en su camino a Lakewood, florecen entre abril y julio (finales de la primavera y mediados del verano en el hemisferio norte).

[2] Esta idea es tomada de la antigua novela CC. Candy juguetonamente se refiere a sí misma como la hija de Albert, y él responde y le advierte sobre llamarla “abuela” si ella vuelve a llamarlo padre.

[3] Mizuki utilizó la palabra, chicchana, que muchas veces significa pequeño, diminuto o mini.

[4] De nuevo, esto es de la antigua novela CC. Después que Albert le dice a Candy su apodo, cuando ella si dirige a él como “Pequeño Bert” en su carta, él se dirige a sí mismo como “Gran Bert” en su respuesta.

Notas de la Autora:

Al final del manga, Albert dijo a Candy que a él no le gustaba vestir ropas finas, pero vistió una camisa fina el día que la llevó a Lakewood. La fan de Albert que me inspiró esta historia, pensó que este fue el día del juicio de Albert. La respuesta de Candy ante la devolución de su diario, probablemente definirá su relación posteriormente.

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