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Apr 19 2015

El Amor Nunca Falla Capítulo 5: Corazón roto

Disclaimer: Candy Candy y todos los personajes le pertenecen a Kyoko Mizuki, las imágenes a Yumiko Igarashi y el anime a Toei Animation.

Nota: De acuerdo con la historia original de Candy Candy, Albert se recobraría de su amnesia durante este tiempo, pero ¿qué pasaría si sólo recordara algunos momentos y escenas? ¿Qué pasaría entre Candy y Albert?

Este capítulo se basa en la versión del manga. ¡Por favor siéntanse en libertad de dejar sus comentarios! Gracias.

Nuevamente, gracias mi amiga, SweetCandyAndley!

-Ms Puddle

Capítulo 5: Corazón roto

Annie se sentía frustrada al realizar su práctica en el piano en el solario, y se impacientaba cada vez más consigo misma. Su madre quería escucharla tocar la pieza “Marcha Turca” de Mozart antes de que regresara a Chicago con sus amigos. A mi madre le gusta mucho esta pieza, ¡¿cómo es posible que aún no pueda perfeccionarla?!

Ella sabía que era débil con la mano derecha a la hora de tocar notas rápidas, y con esta pieza era particularmente difícil. Después de un rato, se desesperó a tal grado, y justo en el momento en que había decidido rendirse, Archie apareció inesperadamente detrás de ella y le susurró para animarla, “Permíteme ayudarte con la mano derecha.” [1]

Asombrada por el entorno familiar y las palabras, su primer encuentro ocurrido años atrás apareció en su mente. En aquel entonces, ella apenas tendría doce años, y ahora, Archie había crecido para convertirse en un hombre muy atractivo. Con sus ojos fijos en ella con amor, se sentó a su lado en la banca y le sonrió de la manera más encantadora. En ese momento, una ola de nostalgia la recorrió, y antes de darse cuenta, Archie le preguntó preocupado, “¿Ocurre algo, Annie?”

Ella negó con la cabeza pero unas cuantas lágrimas escaparon de sus ojos y rodaron por sus mejillas. Mientras tanto, halos de luz brillaron a través de los enormes ventanales a su alrededor, haciendo que su sedoso cabello resplandeciera, como una tiara materializada en su cabeza. Archie estaba encantado por la belleza natural de Annie, pero ella desvió su mirada tímidamente, evitando la intensa mirada de su novio.

Lo que ocurrió después la sorprendió. Él se acercó y le acarició el rostro tiernamente, limpiando sus lágrimas con los pulgares. Ella lo miró instantáneamente, observándolo con sus enormes ojos llorosos. Él le había dado numerosos besos castos en el rostro anteriormente, pero esta era la primera vez en que mostraba tal afecto hacia ella, lo que provocó que su corazón latiera furiosamente.

Archie había meditado constantemente acerca de su relación con Annie, la que había comenzado cuando la encontró escondida en una cueva durante una tormenta en la Academia San Pablo. Antes de ese momento, él no tenía ni idea de que ella había enterrado su desafortunado pasado y lo había ocultado ante los demás por él.

Desde entonces, había olvidado cuantas veces había comparado sin querer a Annie con Candy, sabiendo que su novia era prácticamente lo opuesto a la chica varonil que se había instalado en un lugar especial de su corazón desde el primer momento en que se conocieron en Lakewood. A diferencia de Candy, Annie era tímida, sensible y muy emotiva. Sin Archie saberlo, Candy podía llorar tanto como Annie cuando no necesitaba esconder su verdadero ser.

Sin embargo, ya tenía tiempo de haberse dado cuenta de que Candy nunca correspondería a sus sentimientos, como resultado, su amor hacia ella se había transformado en un sentimiento fraternal a lo largo de los años. Al mismo tiempo, había comenzado a apreciar a Annie cada vez más. En particular, se había conmovido profundamente por el amor y la devoción que ella le mostraba.

En ese instante, Archie comenzó a pasar sus largos dedos por la abundante cabellera de Annie, sin apartar su mirada de ella. Ella sólo podía contemplar al hombre que amaba con todo su corazón en silencio, su pequeño cuerpo se tensó y su respiración se volvió entrecortada y rápida con la anticipación. Cuando sintió como si el tiempo se hubiera detenido, él colocó la mano en su nuca y susurró amorosamente, “Annie…”

Entonces le levantó la barbilla y se inclinó hacia adelante. El suspiro que emanó de ella fue ahogado por algo muy suave y cálido, presionando sus labios lleno de ternura.

Era su primer beso, y Archie nunca esperó que pudiera sentirse tan bien. Annie se había paralizado al principio pero pudo corresponderle después con amor, derramando lágrimas de alegría. Pronto, la envolvió con sus brazos alrededor de su pequeña cintura para acercarla más hacia él mientras ella colocaba sus brazos alrededor de su cuello.

En la profundidad de su corazón, ella siempre supo que Archie gustaba de Candy. Aunque ya llevaban un tiempo juntos, siempre había sentido la inseguridad de perderlo. Aun así ella estaba determinada a no rendirse ante nadie, ni siquiera ante su mejor amiga, Candy.

Cuando su beso se profundizó aún más, se sorprendieron al escuchar un fuerte estruendo cerca de la puerta. En consecuencia, rompieron el beso y voltearon simultáneamente hacia el origen de aquel ruido. Ahí estaba Patty, visiblemente mortificada con la mano cubriendo su boca. Interrumpiendo sin querer a sus amigos, Patty murmuró casi inaudiblemente, “Lamento… haberlos molestado…”

Antes de que pudiera terminar de disculparse, se giró en sus tobillos y salió avergonzada. Archie y Annie intercambiaron miradas preocupadas antes de que Annie saliera del solario y llamara a Patty. Archie quería ir con ella pero descubrió una revista en el suelo cerca de la puerta, así que la recogió suavemente antes de alcanzar a las damas.

Patty no había puesto atención hacia dónde se dirigía. Después de salir por una de las puertas de la mansión, levantó una mano para quitarse los lentes, parpadeando unas cuantas veces intentando ajustar sus ojos bajo la brillante luz del sol. Desafortunadamente, ahora que se había detenido, la escena que había presenciado surgió nuevamente en su mente, y las lágrimas se acumularon en sus ojos en muy poco tiempo.

Stear, ¿dónde estás ahora? No me besaste antes de partir a Francia, ni siquiera hubo una despedida adecuada… ¡eres mi primer amor, Stear! Te extraño tanto… ¿lo sabes? ¿Puedes escuchar mi llanto?

El rostro sonriente de Stear apareció en su imaginación como si le estuviera contestando. En ese momento, Annie la alcanzó, y cuando la sostuvo en sus brazos, Patty comenzó a sollozar. No le tomó mucho tiempo a Archie encontrarlas en el jardín inmaculado, fue disminuyendo su paso, manteniendo su distancia para darles algo de privacidad.

Unos momentos después, Patty finalmente se calmó, y Annie la guio hacia una banca junto a los arbustos. Después de unos minutos, Patty se recompuso y murmuró con voz ronca, “Lo lamento otra vez.”

Annie la rodeó con un brazo y le dijo, “Oh, no, Patty, por favor ya no digas eso. No hay nada que lamentar.”

Entonces Patty notó que Archie sostenía una revista en su mano, y le preguntó, “Archie, ¿lo has leído también?”

Archie asintió. Lo había leído mientras esperaba a las damas, por lo que le informó a Annie que se trataba de la renuncia y desaparición de Terry en Broadway. Patty entonces murmuró, “Por eso me apresuré a entrar en el solario… quería hablar con ustedes dos…”

Se quedaron en silencio, todos estaban seriamente preocupados por Candy. Habían estado siguiendo las noticias acerca de Terry y Susanna, y era obvio que Terry había sido infeliz desde la ruptura. No sólo eso, su carrera iba en picada también.

Mientras se preguntaban cómo estría Candy haciéndole frente a esas noticias, Patty tímidamente comentó, “no sé si debería decir esto, pero Candy no parecía estar afectada… se veía muy feliz con Albert.”

Archie estuvo de acuerdo aunque renuentemente, “Sí, Patty, yo tengo la misma percepción también, pero es un poco extraño que Candy actúe como si nada hubiera pasado…”

Conforme su voz se desvanecía, Annie murmuró para sí misma, “¿será posible que no lo sepa?”

Archie la escuchó y en respuesta preguntó, “¿quieres decir que no ha leído ninguna de esas malas noticias?”

Annie se encogió de hombros y negó con la cabeza. “no lo sé. Sólo estoy adivinando…” murmuró antes de continuar, “supongo que Candy no lee mucho los periódicos o las revistas, o…”

Annie hizo una pausa, mirando de Archie a Patty y viceversa, y continuó su especulación, “O Albert se ha asegurado de que Candy no vea ninguna noticia.”

Patty suspiró, y Archie se quedó con la boca abierta. Un breve instante después, Patty intentó explicar, “Si ese es el caso, creo que Albert intentaba no perturbar más a Candy.”

Archie asintió pensativamente. “Si yo fuera él, probablemente haría lo mismo,” dijo con un gran suspiro. “De otro modo, ¿cómo podría Candy sanar su roto corazón si sus viejas heridas se abrían continuamente?”

Habiendo dicho esto, nadie más hizo ningún comentario. Entonces, unos momentos de silencio después, Annie exhaló profundamente y expresó su confusión, “Simplemente no comprendo por qué Candy renunció tan fácilmente a Terry… ¿recuerdan cómo simplemente abandonó sus estudios en el San Pablo y lo siguió aunque no sabía dónde estaba?”

No tenían una respuesta para esa pregunta, pero un instante después Patty recordó, “Pero Candy nos dijo claramente que Terry había escogido a Susanna, quien se sacrificó por él…”

Cuando la voz de Patty comenzó a quebrarse, Archie firmemente agregó, “Sí, Annie, creo que fue una ruptura por decisión mutua. Mientras que Candy estaba dispuesta a renunciar a Terry, Terry también la dejó ir.”

De hecho, durante la fiesta de cumpleaños sorpresa que habían tenido unos días antes en honor a Candy, Archie tenía un fuerte presentimiento de que había algo entre Candy y Albert. Archie incluso había percibido algunas señales de atracción en ambas partes, pero no le había sorprendido tanto. Después de todo, Candy y Albert habían sido amigos cercanos durante un tiempo ya, y el lazo entre ellos era extraordinario. Sin embargo, en ese momento, Archie pensó que era inapropiado hablar de ello, y creyó que el asunto de mayor importancia era descubrir si Candy en verdad no tenía idea del sufrimiento de Terry.

Entonces, Annie hablo, “¿Tal vez deberíamos visitar a Candy cuando regresemos?”

En respuesta, Patty preguntó con preocupación, “¿Deberíamos decírselo si realmente no lo sabe?”

Ninguno estaba seguro de lo que debían hacer si ese fuera el caso, pero entonces Archie sugirió, “Vayamos a visitarla de todos modos, y entonces decidiremos si decirle o si es mejor quedarnos callados.”

=o=o=o=

Cuando Candy despertó en la mañana, no tenía ganas de ir a trabajar después de haber pasado un día maravilloso con Albert. Estiró los brazos y las piernas con un bostezo profundo, se incorporó y se asomó hacia la litera de abajo. Como era de esperar, su compañero de cuarto no se encontraba en su cama. Ya se había levantado y estaba preparando el desayuno, incluso desde la recámara, podía oler el aroma del tocino y los huevos en el aire. La imagen de un suntuoso desayuno apareció en su mente y su estómago rugió en respuesta. En ese momento, una enorme sonrisa iluminó su rostro, y sus ojos tenían un ligero matiz travieso.

Se bajó con cuidado de la litera superior, intentando no hacer ruido. Después de vestirse, se escabulló por detrás de su compañero. Entonces con la voz lo más alta que pudo le dijo, “¡Buenos días Albert!”

En un segundo, la pequeña criatura que se encontraba a sus pies salió huyendo, y el sorprendido cocinero dejó caer la espátula al suelo. Le tomó un largo segundo para reaccionar. “¡Candy!” gritó con fingida molestia, se giró y colocó ambas manos a los lados de su cadera. “¿Esa es la manera en que saludas a las personas en la mañana?”

Ella apenas lo miró a los ojos, regalándole una sonrisa tímida. Ambos empezaron a reír después, y ella se agachó a recoger la espátula del suelo y la enjuagó en el fregadero. Cuando le devolvió la espátula, él le sonrió e hizo un comentario antes de continuar cocinando en la estufa, “No me habías sorprendido así en mucho tiempo… ¿lo sabías?”

Ella se quedó helada por un momento. Él tenía razón; cuando empezaron a vivir juntos, su única misión había sido ayudarlo a recuperar su pasado. Por lo tanto, había tomado diferentes métodos para sorprenderlo y alcanzar su objetivo, pero por alguna razón había dejado de hacerlo desde hacía algunos meses. Entonces se preguntó a sí misma, ¿tal vez de manera inconsciente no quiero que se recupere de su amnesia?

Pero trató de disimular su confusión al preguntarle en un tono retador, “Entonces Albert, eso quiere decir que ¿deseas que retome esta terapia?”

Inmediatamente, él se giró de la estufa y la observó horrorizado, sus ojos azules bien abiertos como un gatito asustado. “¡Por Dios! ¡No vayas a empujarme por las escaleras! ¡Me matarías!”, contestó apresuradamente, lo que la hizo carcajear. Viéndola tan feliz esta mañana, una risa salió de su garganta. Entonces volvió a girarse para continuar cocinando y le dijo, “Ahora, Candy, por favor déjame concentrar o podría quemar nuestro desayuno.”

“Muy bien”, acordó en voz alta. Mientras tanto, tomó un par de tazas y los platos de la alacena, y casualmente comentó, “¿saliste a correr esta mañana?”

Para su sorpresa, el negó con la cabeza antes de contestar, “No, hoy no.”

“¿Por qué no? Dijiste que salías todos los días, tronara o lloviera.” Comentó curiosa, poniendo la mesa.

Él la miró por un par de segundos. “Porque desperté con una jaqueca,” le explicó, sonando un poco decaído.

Ella quedó pensativa después de escucharlo, sus cejas se fruncieron en contemplación. Conforme regresó a su lado, se dio cuenta de algo, y dedujo con certeza, “Debió ser por la lluvia de ayer.”

Diciendo eso, su instinto de enfermera provocó que se parara de puntillas y levantara la mano para tocar su frente. Él apago la estufa y se agachó un poco sobre ella. Después de un minuto,

Ella suspiró con alivio. “Creo que no tienes fiebre, pero podrías resfriarte.”

Él se enderezó después de su comentario. “Tal vez”, suspiró, encogiéndose indiferente. “Pero gracias, mi enfermera. Estoy feliz de tenerte conmigo.”

Sin embargo, cuando él le sonrió, su entrecejo se profundizó en reprobación. “¿Sabes? ¡No deberías estar cocinando hoy!” exclamó ansiosa, como alguien que está a cargo de la casa. “¿Por qué no me despertaste?”

Él suspiró exageradamente, y sin decir una sola palabra, camino hacia la mesa, vaciando el contenido del sartén en los platos limpios.

“¿Albert?” lo llamó desde atrás, su tono más alto.

“Candy”, contestó él en el último momento con un tono contrito, girándose para verla de frente. “Me estoy muriendo de hambre. Es más fácil para mi cocinar que despertarte.”

Sin esperar su respuesta, él se dirigió al fregadero de la cocina con la espátula y el sartén vacío, por lo que no pudo ver el sonrojo que la invadió con su respuesta.

Debido a que él tenía razón, ella exhaló en resignación, dejándose caer en la silla junto a la mesa del comedor. Cuando Pouppe se subió por sus piernas para llegar a su regazo, ella acarició gentilmente su pelaje y preguntó, su voz incierta, “Albert, no soy tan mala, ¿o sí?”

El único sonido provenía del agua corriente del grifo. Su silencio fue su respuesta, y ella decidió hacer algo al respecto, “Por favor, ya soy mayor ahora, Albert. La próxima vez intenta despertarme primero, ¿sí?”

Cuando él regresó con la tetera y se unió a ella para desayunar, aún no había comentado nada, pero tenía una sonrisa divertida en el rostro que esencialmente le decía que no estaba convencido del todo que ella cambiaría, ni siquiera por él. Mientras tanto, su terquedad salió a relucir, y ella quería decirle honestamente que uno de sus propósitos de cumpleaños era mejorar en sus hábitos del sueño, pero dudaba y se resistía. ¿Quién la conocía mejor que su compañero de piso? Por lo tanto, dejó el tema de lado por el momento al hablar de otras cosas en lugar de hacer una promesa que no podría cumplir.

Más tarde, le preguntó, “Entonces ¿hoy vas a ir a trabajar de cualquier modos?”

Él asintió, dejando sus cubiertos sobre la mesa. “Sólo es un leve dolor de cabeza, así que creo que iré.”

Después del desayuno, cuando estaban listos para salir, Albert le preguntó, “¿cómo está tu pie derecho, Candy? Puedo llevarte antes de regresarle el vehículo a Daniel.”

Ella parecía un poco confundida antes de exclamar con alegría, “¡Lo había olvidado por completo! Así que creo que ya está como nuevo.”

“¡Qué bueno!” él sonó sorprendido pero se veía genuinamente aliviado.

“¿Lo ves?”

Para probárselo, le mostró su destreza al marchar, lo que le provocó una leve carcajada y al mismo tiempo meneaba la cabeza. Por lo que, se despidió de ella moviendo la mano, al tiempo en que le decía “Entonces, ¿te veré esta noche como de costumbre?”

Ella asintió mientras también de despedía de él. “¡Cuídate, Albert! ¡No te esfuerces mucho!”

Nadie se lo esperaba. Mientras estaban ocupados trabajando en la cocina del restaurante, la jaqueca de Albert empeoró tanto que el dolor lo atacó como nunca antes, haciéndolo sentir débil, mareado y nauseabundo. El personal de la cocina lo presionó para que descansara en la habitación para los empleados, poco tiempo después se quedó dormido y soñó.

¿Dónde estoy? ¿Dónde es este lugar? Hay tantos animales salvajes alrededor… ¡Esto es África!

Albert se vio a si mismo trabajando en una pequeña clínica veterinaria, cuidando de los animales enfermos y cooperando con el personal médico que provenía de todo el mundo. Incluso notó a una joven enfermera americana que estaba jugando con Pouppe, y ella se parecía tanto a Candy. En ese punto, los recuerdos de sus días en África llegaron inundando su mente.

Cuando finalmente abrió los ojos, se sintió un poco desorientado, y la primera imagen que cruzó su mente, fue un rostro adorablemente pecoso y sonriente. Murmuró, aún mareado de su sueño, “Candy…”

Intentó incorporarse y sentarse. Su jaqueca y el mareo parecían haber disminuido, pero para él, el recordar sólo partes de su pasado, era inmensamente frustrante. Se alegraba de estar solo en la habitación, de lo contrario habrá preocupado a sus compañeros de trabajo.

Entonces, ¿quién soy? ¿Qué hacía antes de ir a África? ¿Por qué fui allá? ¿Cómo es que terminé en Italia?

En su estado actual, demasiado turbulento emocionalmente, le impidió continuar trabajando, por lo que decidió tomarse el permiso por enfermedad. Cuando estaba por salir de la habitación, Daniel entró y le pregunto preocupado, “Albert, escuché que te sentías mal, ¿te encuentras bien?”

“Gracias, Daniel,” le contestó Albert con una sonrisa fingida. “Estoy un poco mejor, pero me voy a casa.”

“Buena idea,” Daniel asintió en acuerdo. Entonces Albert agregó, “Oh, estacioné tu vehículo afuera, aquí tienes la llave.” Cuando Albert iba a entregarle la llave a su amigo, le dijo en agradecimiento, “Muchas gracias nuevamente por permitirme usar tu auto. Sin él, habría resultado muy inconveniente.”

Al escucharlo, la mirada de su amigo se iluminó. “Me alegra saber que ese vejestorio aún puede ser útil,” observó en aparente felicidad. “De hecho, estoy planeando venderlo. ¿Sigues interesado? Te daré un buen precio, amigo mío.”

El joven chef levantó una ceja, considerando el trato, pero un breve instante después, declinó la oferta, “No, gracias. Me gusta caminar.”

“¡Bueno!”, dijo Daniel con un suspiro. No se preocupó por esconder su decepción.

De hecho, Albert no estaba seguro si recobraría pronto el resto de su memoria, y si lo hacía, ¿qué pasaría con él y con Candy? Entonces, escuchó decir a Daniel, “¡Házmelo saber cuándo cambies de opinión!”

El Chef asintió una vez, ignorando el hecho de su amigo había dicho ¿cuándo?, no ‘Si’. Entonces, Albert le dijo, girándose para retirarse, “Seguro, hasta luego.”

Daniel notó el cambio abrupto en el estado de ánimo de Albert, por lo que lo detuvo por el brazo. “Albert, ¿sigues molesto conmigo?”

Esa pregunta tomó por sorpresa a Albert, y se giró para observar a su amigo por un momento antes de preguntarle, “¿Qué dijiste, Daniel?”

“Ya sabes, no era mi intención…” Comenzó a explicarse renuentemente, eligiendo cuidadosamente sus palabras. “No era mi intención avergonzarte a ti y a tu amiga cuando la trajiste a cenar… Yo sólo quería ayudar.”

Albert no podía creer lo que estaba escuchando, así que frunció el ceño aumentando su confusión y repitió la palabra de su amigo, “¿Ayudar? ¿Ayudar a qué?”

Daniel empezó a explicarse apresuradamente sin detenerse, “¿Recuerdas que me preguntaste cuál era la ruta más rápida para llegar al Parque Natural de Chicago? Y me contaste que ibas a llevar a una amiga ese día, por lo que asumí que se trataba de tu novia.”

Albert prácticamente se había quedado sin palabras, y Daniel continuó, “Entonces pensé en mi antiguo automóvil, que casi no uso, y creí que podría servirte.”

El joven chef agachó la mirada pero aceptó en un murmullo, “Sí, lo fue.”

Entonces Daniel continuó, “Así que cuando llegaste con tu encantadora amiga, Candy, simplemente saqué mis propias conclusiones… a juzgar por la manera en que la mirabas…”

Antes de que pudiera terminar, Albert dejó escapar una risa de amargura, lo que dejó perplejo a Daniel. Entonces Albert reconoció, “Eres muy observador, amigo mío. ¿Tan transparente soy?”

Daniel no pudo evitar notar la tristeza en su voz, y dudó en responder la pregunta de Albert. Entonces, Albert le dijo decaído, “Parece que todo el mundo puede ver a través de mí… bueno… excepto una persona.”

Viendo que su amigo estaba deprimido, Daniel repentinamente entendió la situación, y dijo en voz alta, “¿Por qué no le cuentas lo que sientes? ¿No dijiste que la conoces desde hace mucho tiempo?”

Daniel no tenía idea que su amigo sufría de amnesia, y había sido Candy quien le había dicho a Daniel que habían sido amigos por mucho tiempo. Sin embargo, Albert le contestó evasivamente, “Sí, desde hace años, pero soy más como una especie de hermano mayor para ella, y probablemente nada más.”

Albert se veía tan vulnerable que la empatía por él crecía dentro de Daniel, por lo que intentó confortar al joven chef, “Te apuesto a que si le confiesas tus sentimientos, la situación cambiará. Me parece que a Candy también le gustas, Albert.”

Albert le sonrió con resignación sin decir palabra. Daniel comprendió pero aun así quería apoyar a su amigo, por lo que le ofreció, “Si hay algo que pueda hacer, por favor-”

Pero Albert lo interrumpió impacientemente, despidiéndose, “No por ahora, pero gracias.”

Daniel suspiró profundamente. “Ya sé que se supone que no debo meterme en tu vida personal,” le dijo arrepentido, creyendo que había ofendido a Albert.

El hombre más alto se dio cuenta de que había sido descortés con su amigo, por lo que se disculpó en un tono sombrío, “perdóname por favor, Daniel. No me siento bien hoy. Ya me has ayudado mucho. Te debo una.”

“¡No es nada!” Le replicó Daniel. Entonces se dieron la mano amistosamente antes de que Albert saliera.

Albert almorzó rápidamente al salir, era una de las ventajas de trabajar en un restaurant. Después de la lluvia del día anterior, el aire tenía un aroma tan fresco que cambió de parecer y no se dirigió a casa directamente. Fue al Parque Natural de Chicago. Sí, quedaba un poco lejos caminando, pero la idea de aprovechar el tiempo para aclarar su mente le agradó.

No tardó mucho en llegar a su destino. La caminata y el cielo azul cobalto parecían haber aligerado su estado ánimo. Caminó a lo largo de la orilla del lago y llegó al punto en el que él y Candy habían hecho su día de campo. Entonces, se recostó en el pasto mientras Pouppe se divertía corriendo en el parque.

Albert suspiró y cerró los ojos, recordando los momentos preciosos del día anterior, el más vívido había sido cuando corrió atravesando la colina cargando a Candy en su espalda. Aun así, al revivir el momento la angustia y la decepción que había experimentado durante el transcurso de la cena regresaron. No debió haber albergado falsas esperanzas de tener un futuro con Candy.

Sin embargo, Albert no podía evitar pensar en cómo se habría sentido Candy el día anterior. Había estado muy entusiasmada desde la mañana hasta el momento en que el recuerdo de su ruptura con Terry se colara ya avanzada la tarde.

Terry… Candy aún lo ama…

Entonces Albert se reprendió a sí mismo, mientras pueda permanecer a su lado y amarla en silencio, no debería pedir más.

Lamentablemente, ahora que había recordado sus días en África, era de esperarse que pronto se recuperara de su amnesia. Entonces, ¿qué haría? Había estado evitando preguntárselo desde que lo atropellaran casi al inicio del año, pero sabía que sólo era cuestión de tiempo antes de tener que enfrentar la realidad.

Sin embargo, dudaba a menudo que fuera una persona sin hogar, como Candy había creído. Si ella tenía razón, él no se explicaba cómo y cuándo había obtenido el dinero para viajar a lugares tan distantes como Londres y África. Así, basándose en su conversación acerca de la vez en que la rescató de ahogarse, Candy había supuesto que él también era un huérfano, como ella.

¿Sería posible que realmente no fuera huérfano? En ese caso, su familia debía estar muy preocupada por él. Después de todo ya había pasado casi un año desde el accidente de tren. Aunque no quería pensar que le había mentido a Candy todo el tiempo, tal vez en realidad ¿no le había dicho toda la verdad? O ¿Podría Candy haberlo entendido mal?

El hecho de no saber más acerca de su pasado lo molestaba mucho. Cuando recuperara su memoria, ¿esta afectaría su relación con Candy? O pero aún, ¿qué tal si estaba casado o si tenía hijos?

Horrorizado ante la idea, Albert se incorporó inmediatamente. Las imágenes mentales de él como padre casi lo paralizaron, y cuando intentó desecharlas, la idea de su desconocida esposa llorando lo siguió. Así que movió su cabeza vigorosamente en un intento de alejar esos pensamientos inquietantes de su mente. En ese momento, Pouppe se le acercó, lo que lo ayudó a despejarse, en ese segundo, recordó las palabras de Candy, el Albert que ella conocía había estado viajando y viviendo libremente al lado de su compañera, su pequeña mofeta.

Entonces, pensó que si tuviera una familia, no tendría el dinero ni la libertad de viajar por el mundo por su cuenta. Tendría que ganarse la vida y cuidar a su familia. Ahora, una sensación de alivio lo invadió. Estaba más que convencido de la posibilidad de ser soltero.

Sin embargo, de acuerdo con su previo arreglo con Candy, ellos vivirían juntos como hermanos hasta que él se recuperara, pero en el fondo de su corazón, él no quería dejar atrás esta vida cálida y afectuosa. La existencia de ella era esencial para la felicidad de él. Estaba contento con pasar el tiempo con ella, escuchar sus ideas locas o sus penas más profundas, sostenerla entre sus brazos y compartir la vida junto a ella, incluso como un buen amigo o un hermano.

Time has gone too fast – El tiempo ha pasado muy rápido

Another day has come to pass – otro día ha llegado al final

Covering the shadows that’s been cast Cubriendo las sombras que han caído

And creating new memories that surely last! ¡Creando nuevos recuerdos que seguramente perdurarán!

Don’t want to remember the past – No quiero recordar el pasado

But to move forward, I feel I must! Siento que debo seguir adelante,

Great frustration I must endure- Debo soportar gran frustración

To move towards into the future! Para avanzar hacia el futuro

Sometimes, I do wonder – Algunas veces me pregunto

What would happen if I remember – ¿Qué pasaría si recordara?

Who I was and who I am would matter – Quién era y quien soy ¿importaría?

Will my memory put us asunder? ¿Acaso mi memoria nos separaría?

If my past will break us apart – Si mi pasado nos va a separar

I’d rather forget and not depart. Preferiría olvidar y no partir

Every day with you I surely treasure – Cada día a tu lado en verdad atesoro

As I grown to love you beyond measure! [2] Conforme te amo cada vez más de lo que puedo medir [2]

Él debía admitir que su espíritu se había deprimido por su recuperación parcial esa mañana, sin poder predecir cuánto tiempo más podría permanecer al lado de Candy, lo que lo hacía sentir indescifrablemente impotente.

Mientras tanto, Pouppe estaba oliendo su mano, y su rostro se iluminó con una sonrisa después de eso. Mientras acariciaba el lomo de su mascota, consideró su futuro con Candy una vez que se recuperara totalmente. Tenía dos opciones en las que podía pensar en ese momento. La primera, podría ocultarle la verdad para ganar tiempo, pero eventualmente ella lo descubriría, así que no era un movimiento muy inteligente.

Si pudiera tener una opción, se casaría con ella. Sin embargo, después de lo que había ocurrido la noche anterior, tristemente había descubierto que estaba posiblemente destinado a ser su hermano mayor, por lo que por ahora el matrimonio era una opción poco probable para ellos.

En conclusión, la estaba perdiendo. Observando el cielo de la tarde, finalmente se levantó y colocó a Pouppe en su hombro, pensando, cómo desearía que Candy correspondiera a mis sentimientos para que pudiéramos vivir juntos y felices para siempre… El día en que recupere la memoria será el día en que probablemente tenga que dejarla.

Para el tiempo en que Albert arrastraba los pies para subir por las escaleras de la Casa de Magnolia, la luz era tan tenue que pensó que ya era tarde. Pensó que Candy estaría ansiosa esperándolo, y se apresuró a crear una excusa válida para calmar sus nervios. Sin embargo, cuando abrió la puerta, la imagen que lo recibió era una muy distinta a la que había imaginado. No sólo Candy se encontraba ausente, sino que el departamento se encontraba a oscuras y extraordinariamente callado.

“Candy, ¿estás en casa?” Murmuró al preguntar. Al no recibir respuesta, cerró la puerta principal y entró sintiendo el pánico crecer lentamente en el interior de su pecho. Mientras trataba de recordad su Candy le había informado acerca de llegar tarde a cenar esa noche. Creyó que ella no le había mencionado nada al respecto, por lo que decidió salir a buscarla, pero para confirmar que ella no se encontraba en casa, la llamó de nuevo.

Justo cuando pasó por la recámara, notó que la puerta se encontraba ligeramente abierta. Con el corazón acelerado, empujó la puerta. Poco se esperó ver una figura familiar en el suelo. Impactado, encendió la luz. Su corazón se hundió en el instante en que la vio durmiendo boca abajo sobre la pila de periódicos viejos, algunos de los que se encontraban dispersos en la habitación.

Lleno de remordimiento, se acercó a ella en silencio y suavemente la levantó del suelo. Pensaba revisar estos periódicos contigo, pero los has encontrado tú sola… Candy, sé que deseas correr al lado de Terry para consolarlo, pero sabes que no es posible…

Mientras la cargaba en sus brazos, notó las marcas de las lágrimas en su rostro, y se le cerró la garganta al imaginarse como habría llorado. Logró colocarla en la cama y se arrodilló a su lado para disculparse, “Candy, lo siento mucho. Los había escondido porque pensé que te afectarían. Debí decírtelo antes.”

Inesperadamente, ella no se movió, aparentemente continuaba dormida. Aun así, él permaneció en su posición en lugar de dejarla, y observaba su dulce rostro con admiración, algo que normalmente no haría cuando ella estaba despierta. Mientras escudriñaba su rostro en reposo, pensó que se veía como un ángel con su lustroso cabello dorado y las mejillas sonrosadas. Fue cuando notó que algunos cabellos se habían quedado pegados en su rostro por las lágrimas.

Candy…

Cariñosamente llamándola por su nombre en su mente, se incline hacia ella y tiernamente le retiró los cabellos del rostro. Entonces, tan suavemente como pudo, le limpió las lágrimas con sus largos dedos. Mientras tanto, las emociones que lo invadían eran tan profundas que simplemente no pudo dejar de contemplar su rostro angelical, particularmente sus labios ligeramente abiertos. Lo siguiente que supo, se estaba inclinando aún más, acortando la distancia entre ellos.

Albert, ¡estás perdiendo el control!

Se enderezó como si una corriente eléctrica lo hubiera recorrido complete, aterrado de lo que estuvo a punto de hacer. Unos segundos después, respiró profundamente y se recompuso. Por un largo momento, contempló con afecto su semblante pacífico.

Has sufrido bastante, Candy. Me encantaría hacerte feliz.

El hombre atormentado recogió a Pouppe y salió de la habitación. Decidió, No creo que sea una buena idea contarle lo que me ocurrió hoy en el restaurante…

Parado junto a la ventana de la sala, Albert estaba perdido en sus pensamientos.

Candy, he ansiado confesarte mis sentimientos… hacerte feliz, pero ¿cómo puedo hacerlo cuando es evidente que tu corazón está anhelando a otro hombre?

Sin que Albert lo notara, Candy había fingido estar dormida, por lo que estaba consciente de lo que había ocurrido. Cuando Albert la había levantado en sus brazos hacía unos instantes, ella se había despertado.

Comprendió por qué Albert le había ocultado los periódicos, pero su corazón se había roto al leerlos todos juntos en soledad. Como deseaba tener a Albert a su lado para poder descargar su corazón de nuevo, justo como aquella ocasión cuando había regresado de Nueva York.

Pero cuando él había llegado, su valor se había esfumado por alguna razón desconocida, por eso prefirió hacerse la dormida. Lo que nunca esperó fue sentir su gentileza cuando la rozó con sus dedos en el rostro y el cabello, y en ese momento, las cálidas lágrimas la habían aguijonado en el fondo de sus ojos.

Los dedos de Albert eran tan cálidos y tan suaves… La manera en que me acarició el cabello y limpió mis lágrimas era tan tierna…

Cuando Candy estuvo segura de que Albert se había alejado de su lado, abrió los ojos para recorrer la habitación buscando su presencia. Al saber que él no se encontraba en la habitación, se quedó viendo la puerta con las lágrimas rodando por sus mejillas. Sí, aún estaba deprimida por las noticias negativas de Terry, pero por el momento, lágrimas no eran por Terry sino porque había sido profundamente conmovida por el afecto de Albert. Se limpió las lágrimas con el dorso de su mano y recordó,

Además de ti, Albert, sólo la Srita. Pony y la Hermana María han sido así de cariñosas conmigo, cuando aún era una pequeña niña. [3]

Gracias, Albert. Haré mi mejor esfuerzo para no llorar más por Terry…

=o=o=o=

Notas:

[1] En el manga original, Annie era débil con la mano derecha, no la izquierda. Pero las imágenes del manga fueron volteadas al traducirlo a otros idiomas. (P.E. Inglés, Español, Francés, etc.), por lo que parece que Annie tenía problemas con su mano izquierda.

[2] El hermoso poema acerca de la reflexión de Albert, “Don’t want to remember” (“No quiero recordar”), fue escrito por Minda Chattergoon. Gracias, Minda!

[3] Por favor noten que, en el manga, Candy no estaba diciendo que la Srita. Pony o la Hermana María no siguieran siendo buenas con ella. Lo que había cambiado era el grado o la profundidad de esas acciones cariñosas. Estaba bastante claro que Candy no había experimentado nada parecido a la ternura de Albert hacia ella en mucho tiempo, desde su infancia.

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El Amor Nunca Falla

2 comments

  1. mariel

    bello capítulo me dejaste con ganas de leer mas!!! Cada día amo más a albert!!

    1. Ms Puddle

      Muchas gracias por leer, mariel 🙂 😀

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