Ms Puddle's Haven

No sé si es amor: Capítulo II “Dudas” (Parte 2)

No escuché la respuesta de ella y me di cuenta que ya no me importaba más. Sólo quería irme a casa y esconderme de todos, incluyendo a Albert. Mientras corría bajando el tramo de las escaleras, él estaba llamándome por mi nombre pero lo ignoré porque todavía no estaba lista para enfrentarlo. Sabía que primero necesitaba tiempo para ordenar mis sentimientos por él. Cuando pude escuchar sus pisadas alcanzándome por detrás, intenté acelerar el paso pero puso una fuerte mano en mi codo para detenerme cuando alcancé el descanso.

Entonces suavemente me dio la vuelta, y sus ojos se abrieron ampliamente con incredulidad cuando vio las lágrimas fluyendo por mi rostro. ¿Podría él decir que estas lágrimas eran el resultado de una frustración reprimida?

Continuó mirándome por un momento o más, con sus ojos preocupados buscando los míos. Después, sacó un pañuelo de su bolsillo y lo extendió hacia mí. “Es posible que necesites esto, Candy.”

Le agradecí con una débil sonrisa y empecé a limpiarme las lágrimas yo misma. En ese mismo momento, como deseaba poder arrojarme sobre él y llorar en sus brazos justo como lo había hecho muchas veces en el pasado, pero las palabras de la Tía Abuela resonaban en mi oído, él ya ha superado sus insensatas acciones… les dijo a todos que tú eras su hija adoptiva…

Después, su amable voz me sacó de mi estupor. Suavemente solicitó, “Por favor dame el privilegio de llevarte a casa.”

Sentí un fuerte deseo por rechazarlo si es que valoraba mi cordura. No sabía por cuanto tiempo podría continuar reprimiendo mis emociones y sin embargo no me atrevía a decirle que no. La siguiente cosa que supe es que acepté asintiendo con la cabeza.

El bullicioso pasillo de repente se quedó en silencio mientras caminábamos pasando a los sorprendidos sirvientes, quienes estaban ocupados limpiando el salón de baile después de la gran recepción. Ellos inmediatamente retrocedieron un poco para darnos paso pero al mismo tiempo, no podían evitar sino lanzar miradas curiosas a nuestro paso. ¿Tal vez mis ojos se veían hinchados por el llanto?

En el trayecto a casa, ambos estábamos callados. Mientras Albert permanecía completamente concentrado en conducir, yo empezaba a evocar mi pasado mientras miraba por la ventana. Desde que lo conocí cerca de la cascada, él siempre había estado presto para echarme una mano o para darme un hombro donde llorar. Como mi tutor detrás del telón, él me había respetado y apoyado en las decisiones que yo había tomado desde la adopción, incluso después de haber abandonado el Colegio San Pablo y decidido seguir una carrera de enfermería en lugar de seguir estudiando.

Pero ahora, después de reunirme con la Tía Abuela, eso me abrió los ojos para ver que apenas y lo conocía, especialmente su otro lado conocido como el Señor William, un hombre quien era un velado misterio. Solía pensar que conocía a Albert muy bien pero ahora, comencé a cuestionármelo.

En este momento, inconscientemente le eché un vistazo por el rabillo del ojo. Esta era la primera vez que lo veía conduciendo un auto elegante que lucía prácticamente nuevo, y ni siquiera sabía cuántos autos lujosos tenía su familia. Incluso Neil y Archie conducían sus propios autos. Considerando todos los negocios y propiedades de los Ardlay en todo el mundo, tuve que admitir con dolor que Albert y yo éramos de dos mundos diferentes y siendo su hija adoptiva, desafortunadamente no cerraba la brecha de nuestras posiciones sociales.

Si tú lo amas, déjalo ir. La voz de la Tía Abuela resonando de nuevo en mis oídos. Quizás ella tenía razón. No debería desear nada más sino lo mejor para el Señor William, cuya futura esposa debería ser una verdadera dama, nacida y criada en una considerable familia digna de la posición social de él.

“Candy, ¿Te encuentras bien?” Su pregunta me trajo de nuevo a la realidad y solo entonces me di cuenta que él ya había detenido el auto en una parada cerca de la Clínica Feliz. Le devolví una fingida sonrisa, preguntando, “¿Por qué nos detuvimos aquí?”

“Puedo decir que estabas en este momento tan absorta en tus pensamientos que no me escuchaste para nada,” replicó gentilmente, sonriendo con bastante ironía.

Miré con malhumor mi regazo. Él suplicó sonando intranquilo, “Candy, mi tía debió haber dicho algo que te perturbara. Por favor sé sincera conmigo.”

Lentamente negué con la cabeza, desviando los ojos de su mirada. No estaba lista para darle a Albert los detalles de la conversación con ella. De hecho, dolía el solo recordar lo que había acontecido en esa habitación. Además, ¿Cómo podía decirle que él era la razón principal por la que yo estaba decaída?

Él dejó escapar un profundo suspiro y encogió los hombros en resignación. Entonces cuando dio la vuelta para abrirme la puerta del pasajero, comentó, “Me he estacionado aquí porque quiero caminar a casa contigo. Ha pasado mucho tiempo y extraño este vecindario.”

Mucho tiempo en efecto… tú me dejaste en una noche nevada y ahora las flores están floreciendo…

La tarde ya estaba empezando a caer y caminamos juntos en pensativo silencio, sus dedos apenas tocando mi brazo como un gesto protector.

Mientras subíamos las escaleras del edificio, Albert habló más fuerte, “Candy, lamentablemente no puedo quedarme mucho tiempo ya que debo regresar a la mansión.”

Yo simplemente asentí sin decir nada. Después de darme una rápida mirada, comentó, “Pensé que me preguntarías por qué.”

“Está bien. ¿Por qué?”, le pregunté secamente.

Una mirada perpleja se adueñó de sus ojos por un momento antes de decirme el motivo, “Durante la recepción de hoy, mi tía me presentó a uno de nuestros socios comerciales a largo plazo, el Señor Jacobson. Él nos invitó a cenar en su casa esta noche para conocer a sus hijos, quienes han estudiado en Londres. De hecho, he pensado en invitarles a Archie y a ti para que fueran conmigo porque me dijeron que su hijo menor acaba de terminar su educación universitaria y que había estudiado antes en el Colegio San Pablo.”

Un sombrío pensamiento apareció en mi mente, así que a Albert le gustaría presentarme ante este joven como su hija adoptiva. En serio, ¿Qúe podía esperar? El Señor Jacobson estaba en la fiesta de compromiso y sabía quién era yo… ¡Un momento! ¿También Albert está pensando en casarme?

Sintiéndome aún más abatida, yo estaba consciente que ya habíamos llegado a la puerta principal del apartamento, así que dije, “Gracias por traerme a casa. Ahora puedes irte.”

Con una expresión aturdida, él preguntó, “¿No vas a dejarme entrar, Candy?”

Mientras insertaba la llave en la cerradura de la puerta, me inventé una excusa, “Estoy cansada. Fue un día muy largo para mí. Además, ¿No se supone que deberías estarte dirigiendo a la mansión?”

“Todavía tengo tiempo, pero por supuesto si no soy bienvenido, entonces—“

Lo interrumpí mientras negaba con la cabeza hoscamente, “¡No Albert! ¡Por favor no digas eso!”

Después de mirarme de forma pensativa por unos segundos, indagó con una voz triste, “Candy, ¿Por qué me estás ocultando algo?”

Finalmente perdí el control en ese instante y grité con voz angustiada, “¡Sí! ¡Pero tú también me ocultas cosas!”

Él me miró con ojos incrédulos y bien abiertos mientras yo me aparté inhalando bruscamente, llevándome una mano a la boca, “¡Lo siento… lo siento tanto, Albert!”

Al instante siguiente, abrí la puerta y entré a toda velocidad, lanzándome en una silla junto a la mesa del comedor. Realmente no sabía lo que me había sucedido y no podía describir las fuertes emociones que agitaban mi mente en estos momentos. ¿Eran estas las consecuentes esperanzas frustradas después de la reunión con la Tía Abuela Elroy? ¿O era la frustración tratando de ajustarse a mi relación con Albert? ¿Quién era él para mí en este momento? Me sentí tan confundida y con el corazón destrozado; mi espíritu estaba abrumado.

Justo entonces, no pude contenerme más, así que rompí en llanto, enterrando el rostro entre las manos y sollozando fuertemente. Él entró en silencio y encendió las luces. Escuché la puerta cerrarse y él se dirigió directamente a la cocina para servirnos agua. Entonces, puso un vaso sobre la mesa del comedor y se sentó en otra silla. Mientras esperaba a que me calmara, lo escuché tragar su bebida y poner el vaso sobre la mesa.

Después de lo que me pareció un largo tiempo, mi llanto gradualmente disminuyó y él amablemente me pasó el vaso con agua y me dijo con voz suave, “Candy, tienes razón. Siento tampoco haber sido totalmente honesto contigo…”

Lo miré asombrada. ¿Iba él a informarme lo que la Tía Abuela Elroy había estado tratando de convencerme esta tarde?

Él me miró con una suave mirada y continuó, “La Tía Elroy tenía razón, se supone que debo recibirte en mi—“

Lo interrumpí impetuosamente, “No quiero escuchar más eso.”

Él parecía un poco desanimado y habló con la voz cansada, “Candy, he estado teniendo dificultades para decirte esto yo mismo, así que ¿Podrías por favor dejarme terminar?”

Me mordí el labio inferior y me dije que tarde o temprano tendría que enfrentarme a la dura verdad, así que cedí ante su súplica. Dije en voz baja, “Está bien. Por favor continúa.”

Él empezó, “Candy, probablemente pudiste ver que yo estaba renuente a aceptar lo que la Tía Elroy te acaba de pedir sobre mudarte a la mansión. Mi principal preocupación es…”

Él hizo una pausa para observarme por unos segundos antes que dejara escapar un largo y profundo suspiro. Después, sin prisa se levantó de la silla y comenzó a dar pasos alrededor de la agradable pero deplorable sala. En poco tiempo, se detuvo frente a la ventana para mirar al exterior a través del cristal mientras continuó hablando de espaldas frente a mí, “¿Recuerdas que dije que pensé en invitarte para que fueras conmigo esta noche a la cena?”

“Si,” le contesté, esforzándome por permanecer tranquila aunque mi pulso comenzó a acelerarse, poniéndome ansiosa por lo que él iba a decir.

Sin moverse mucho, continuó mirando hacia afuera, murmurando, “Pero pronto abandoné esa idea cuando la realidad me golpeó… tú probablemente no deseas que tu vida tome este rumbo.”

“¿Qué quieres decir?” estaba bastante alarmada por escuchar eso, así que me puse de pie y me acerqué a él lentamente.

Él se giró para verme y explicó con una expresión seria, su vista inquebrantable y las manos metidas en los bolsillos, “Una vez que te involucres con el Señor William Ardlay, ya no podrás gozar de tu libertad tanto como antes. Incluso posiblemente tendrás que renunciar a lo que deseas en la vida, esforzándote por soportar valores y costumbres familiares pasadas de moda, porque ni siquiera yo puedo cambiar eso. Mientras que yo no tengo alternativa en la vida por haber nacido en esta familia; no deseo forzarte para que lleves esta carga.” [1]

“Albert…” yo estaba profundamente conmovida, no sabía que más decir en este momento y permanecí de pie donde me encontraba. Si él tenía o no algún fuerte sentimiento por mí, lo que acababa de decir me mostró que él todavía se preocupaba mucho por mi bienestar. Conociéndome mejor que nadie, Albert pudo discernir que yo no estaría satisfecha con vivir la típica vida de una dama de la alta sociedad, quien tendría una ligera educación en una prestigiosa escuela y enormes mesadas para gastar en ir de compras y en fiestas y posiblemente, ser casada a una temprana edad con un rico caballero de la misma clase.

Entonces le dije en tono triste, devolviéndole la mirada, “Francamente, he tomado las cosas por sentado y nunca había pensado en alguna de esas…”

Me quebrante mientras recordaba las palabras de la Tía Abuela. Aunque ella explícitamente no lo mencionó, creo que ella quería que renunciara enseguida a mi actual trabajo ya que yo sabía cuánto ella detestaba la idea de que yo trabajara como enfermera, sustentándome yo misma financieramente.

Fijando sus ojos en mí, dando otro suspiro continuó, “Decidí adoptarte hace años porque yo quería darte una mejor vida, no una vida que te enclaustrara.”

¿Pero no fue él, como el Tío Abuelo William, quien anteriormente apoyó mi decisión de trabajar? ¿Me estaba diciendo él ahora que ser un Ardlay significaba renunciar a mi carrera y posiblemente a mis otras ocupaciones en la vida?

Con estos pensamientos inquietantes en la mente, algunas aves pasaron volando por la ventana. Así que Albert empujó ampliamente los cristales de la ventana y miró hacia el cielo, pronunciando en tono reflexivo, “A pesar de que quisiera escapar de esta clase de vida, no puedo hacerlo porque he llevado toneladas de responsabilidades sobre mis hombros por ser el único descendiente varón.”

Recordé que él estaba hablando fundamentalmente sobre eso mismo cuando estábamos sentados en el árbol cerca el lago, así que posiblemente haya planeado decirme esto en aquel lugar. Ahora, se volvió hacia mí y me dijo en un tono resignado, “Candy, en cierto sentido, ya no soy más el mismo hombre despreocupado a quien tú solías conocer.”

Mientras él dejaba que sus asombrosas palabras fueran asimiladas, el silencio y tensión en el ambiente era denso mientras continuábamos mirándonos el uno al otro aun conservando algo de distancia entre nosotros. Cuando intenté procesar la declaración de que él era diferente, la manera en que me había rescatado de ser comprometida con Neil el día de hoy, me vino a la mente. Recordé cuán contrastante él podía ser cuando tuvo que actuar como el patriarca autoritario de la familia y me di cuenta de cuan poco conocía como era su mundo. Sin embargo, cuando estuvo a solas conmigo sentado en el árbol, ¿Simplemente no era el mismo hombre a quien había conocido por años? ¿Qué acerca del tiempo de diversión que habíamos pasado juntos cerca de la cabaña del bosque? Él había estado tan alegre, informal y relajado como siempre.

En poco tiempo, entendí lo que él quería decir. “Albert, ¿Estás diciendo que ya no eres más el vagabundo sin un centavo y de espíritu libre a quien le gustaba viajar y amaba estar con los animales?”

El afirmó, suspirando, “Si, ya es tiempo que asuma mi papel en la familia.”

Mientras trataba de aceptar todo esto, él amablemente preguntó, “Candy, ¿Estas enfadada por haber mantenido mi verdadera identidad en secreto todo este tiempo? Si es así, por favor perdóname.”

Negué con la cabeza sin decir nada. Eso no era lo que me estaba molestando en este momento. Después de unos momentos de silencio, el comentó, con sus deslumbrantes ojos azules llenos de preocupación, “Conozco a mi tía muy bien. Siento decir que ella es de hecho una persona calculadora, así que ella debió haber tenido una razón para reunirse contigo a solas hoy.”

Mientras yo permanecí en silencio, él hizo una breve pausa antes de preguntarme con su tierna voz, “Apuesto que te hizo pasar un mal rato, Candy. Cuando entré en esa habitación, lucías muy pálida. ¿Te hizo mi tía hacer algo de nuevo en contra de tu deseo?”

“Realmente no,” fue mi corta respuesta. Entonces bajé los ojos con arrepentimiento y murmuré, “Albert, siento haber perdido los estribos en este momento.”

Él permaneció callado por un momento. Cuando le eché un vistazo, él me estaba observando con desconcierto, sabiendo que yo había esquivado el tema. Dado que ahora no era el momento adecuado para mí para hablar sobre su tía, estaba aliviada cuando por fin él habló, “No te preocupes, Candy. Yo también tengo la culpa. Debí haberme abierto contigo antes.”

Levantando mis ojos para encontrar los de él, me las arregle para darle una sonrisa forzada. “Albert, verdaderamente aprecio que hayas sido honesto conmigo…”

Mi voz se fue apagando cuando de pronto entendí su sutil mensaje. Él probablemente estaba diciéndome que me olvidara de él porque él ya no era más la misma persona. Pero reprimí ese desalentador pensamiento por ahora y cambié de tema nuevamente, “En realidad, olvidé agradecerte por haberte hecho cargo por mí del forzado compromiso esta tarde.”

“Ni lo menciones, Candy.” Entonces se puso serio y dijo, “De hecho, yo debería disculparme en nombre de mi tía. Después de hoy, creo que ella no te agobiará más porque yo no se lo permitiré.”

¡Bien! Ella no me agobiará, pero lo que me hizo esta tarde no estuvo lejos de eso…

Con todo, yo estaba muy conmovida con sus palabras. En voz alta y con una sonrisa dije, “Ojalá.”

Entonces miró la hora y murmuró, “Se está haciendo tarde…”

Sin embargo, en lugar de irse, con una expresión nostálgica en el rostro, comenzó a dejar que su melancólica mirada vagara por toda la sala hasta que esta fue atrapada por un retrato clavado en la pared. Avanzó hacia esa imagen y su rostro gradualmente se relajó en una sonrisa mientras miraba la imagen que había capturado su atención. No podía parar de sentirme avergonzada porque era el dibujo infantil que yo había hecho de él.

Luego, se rió complacido de forma disimulada, “Me gusta este sujeto aun cuando no sea bien parecido.”

Estando yo ahora de pie cerca de él, suavemente repliqué, también con el estado de ánimo de algún modo más animado, “¿Quién dice que no es bien parecido? Por supuesto que lo es.”

Él se dio la vuelta, sorprendido y sus ojos brillando de felicidad.

Entonces añadí, “Bueno, sus ojos son como los tuyos, una buena tonalidad de azul”.

“¿Lo son?” preguntó, sonriendo con alegría. “Candy, ¿Puedo llevarme este dibujo conmigo?”, solicitó cortésmente.

Incapaz de creer lo que oía, me opuse, “¡Ay, por favor no lo hagas! ¡Ese es el único retrato que he dibujado en mi vida!”

Alegremente respondió, “Exactamente por esa razón. Quiero conservarlo porque tú lo dibujaste.”

“¿Cómo lo sabes?” yo estaba sinceramente muda del asombro, esforzándome por evitar mostrar mi creciente vergüenza.

Con una sonrisa de superioridad en su rostro, Albert contestó señalando su cabeza, “Mi instinto me lo dijo.”

“¡No, no puedes hablar en serio que deseas mi dibujo!” pronuncié, negando con la cabeza. “De todos modos, déjame mostrarte uno mejor. ¡Solo espera un momento aquí!”

Así que me apresuré hacia el dormitorio y regresé con el dibujo del Dr. Martin en la mano. Cuando se lo mostré, él estaba abrumado y me miró por un momento o más.

“¿Este también soy yo?” preguntó dubitativamente antes de mirar de nuevo el retrato que estaba en su mano, su expresión era una mezcla de timidez e incredulidad.

“Si,” respondí avergonzada en voz baja. Así que ya sabía que había intentado dibujarlo. Me pregunté si también podía imaginarse por qué razón lo había dibujado.

En este momento, sorprendentemente, me devolvió el retrato y con una sonrisa dijo, “Aún deseo el tuyo en lugar de este, Candy, pero solo si no te importa que me lo lleve.”

Yo no sabía por qué él quería mi dibujo infantil. Desconcertada a pesar de estar encantada, me las arreglé para preguntarle, “¿Estás seguro?”

Él me respondió, rebosante de alegría, “¡Absolutamente! Tú conserva este dibujo mientras yo conservo el tuyo.”

Castamente me rendí. “Está bien. Como quieras entonces.”

Cuando bajó mi dibujo de la pared, de forma casual preguntó sobre el retrato que yo tenía en la mano, “A propósito, ¿Quién dibujó ese?”

“El Dr. Martin lo hizo.” Entonces le conté brevemente cómo había sucedido sin darle detalles de por qué había dibujado yo el mío.

“¿En serio? ¡No sabía que el Dr. Martin pudiera dibujar!” exclamó con sorpresa mientras yo le asentía con la cabeza y dije, “Tampoco yo lo sabía. Su dibujo fue tan bueno que lo he utilizado para buscarte.”

¡Oh Dios!

Yo estaba estupefacta por haber dicho eso en realidad en voz alta y me cubrí la boca con las manos, sonrojada y mortificada. Albert también pareció haber sido tomado por sorpresa. Tragó saliva y preguntó con duda, “¿Has utilizado esto para buscarme?”

“Si… lo he hecho,” murmuré, tratando de mantener un tono ligero y casual pero fracasé.

Hubo un momento de silencio mientras que Albert me miraba como si estuviera intentando descifrarme. Me sentí como que si quisiera esconderme de él y mi palpitante corazón amenazó con romper mi caja torácica. Entonces, para mi desilusión, él abruptamente miró hacia otro lado y sacudió la cabeza con tenacidad como si estuviera tratando de ahuyentar algo de su mente.

¿Qué sucede? ¿Qué está pensando Albert?

Poco después de eso, se irguió y echó sus hombros hacia atrás con determinación. Entonces habló con una voz seca y sin emoción, mirando en mi dirección, “Bueno, la familia del Señor Jacobson está esperándome y debo irme antes que abuse de su hospitalidad.”

Moví la cabeza en un gesto de comprensión. Cuando se estaba dirigiendo a la puerta, inesperadamente se detuvo y me habló, “A propósito, me quedaré en Chicago por un tiempo preparando mi próximo viaje de negocios, por lo que siempre puedes pasar por la mansión para verme por si necesitas algo. Si quieres, puedo pedirle a George para que te ayude a encontrar un mejor lugar para vivir, pero por supuesto, sólo si lo deseas. Así que haznos saber tu preferencia, ¿De acuerdo?”

En otras palaras, no solo no estaba obligada a mudarme a la mansión sino me ofreció buscarme un nuevo lugar para vivir. Al parecer, él no esperaba en absoluto que yo cambiara mi estilo de vida y aun así me dejó elegir lo que me gustaría hacer.

“¿Quiere eso decir que no vendrás a visitarme?” me quejé sin esconder mi decepción.

Él explicó de una manera cordial, “Lo intentaré, Candy, pero no puedo garantizarlo porque mientras tanto tengo una agenda bastante apretada. Pero como dije, eres bienvenida a pasar en cualquier momento que gustes y te reservaré la habitación que la Tía Elroy había preparado para ti. Siéntete en la libertad de alojarte en la mansión por un corto o largo período. Depende totalmente de ti, pero por favor, no te sientas obligada a visitarnos.”

Ahora yo estaba incluso más perpleja. ¿Qué quiso decir antes diciendo que debo renunciar a muchas cosas si me involucrara con el Señor William Ardlay? También mencionó algo sobre no querer forzarme a una vida que me enclaustraría. No me veía para nada renunciando a algo por momento.

Creo que debí haber estado exhausta porque realmente no entendí a donde quería llegar él. Suspiré fuertemente y comenté en voz baja, “Está bien.”

Él fijó sus ojos en mi rostro por un momento y se aventuró con cautela, “¿Quisieras venir conmigo a casa, Candy?”

Respondí a la defensiva, “Ya le he dicho a la Tía Abuela Elroy que no.”

Por una fracción de segundo, la decepción cruzó por sus facciones, pero se recuperó tan rápido que casi me pareció que no había sucedido nada. Entonces puso una sonrisa comprensiva en su rostro y dijo, “¿Sabes qué? Ella me dijo que te informara que siempre puedes cambiar de parecer. Pero de todos modos, cuídate mucho, Candy. Nos estaremos viendo, ¿de acuerdo?”

Le devolví una pequeña sonrisa y le abrí la puerta. Agitó mi dibujo en su mano y me habló con alegría, “Gracias por dejarme conservar esto. Me gusta mucho.”

Mientras se daba la vuelta y se iba, una oleada de desaliento se dejó caer sobre mí y no podía imaginarme cuánto lo extrañaría, recordando cuán vacía había sido mi vida sin él a mi lado. Así que corrí detrás de él, dando voces, “¡Albert!”

Él ya estaba bajando las escaleras. Detuvo sus pasos y levantó su cabeza hacia mí, preguntando con preocupación, “¿Qué sucede, Candy?”

El terrible miedo de que la brecha entre Albert y yo se incrementaría con el tiempo me inundó, pero mi voz parecía haber muerto en mi garganta. Por un momento, pensé en rendirme. Quería decirle que lo seguiría a casa. Sin embargo la idea de vivir en aquella gran mansión como la hija adoptiva del Señor William, me repugnó y me ayudó a reprimir mi necesidad. Además, podía prever como la Tía Abuela Elroy haría todo lo que estuviera en su poder para separarme de su querido William y haría su mejor esfuerzo para obligarme a conocer diferentes jóvenes. Así que probablemente era más seguro guardar mi distancia de ella.

Como no debía hacerle esperar, me obligué a romper el incómodo silencio, “Albert, debes prometerme que no trabajarás demasiado, ¿De acuerdo?”

Me mostró rápidamente una radiante sonrisa y dijo en voz alta, “¡Lo intentaré, Señorita Candice!”

Permanecí donde me encontraba hasta que vi su figura desaparecer por la puerta principal del edificio. Por alguna razón, tenía la sensación que esta era la última vez que nos veríamos en este lugar.

Capítulo III: “Brazos”

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Notas de la autora:

Según Candy Candy Final Story (Tomo 2, página 239), Albert exhibe el dibujo infantil de Candy en su oficina mientras Candy conservó el dibujo del Dr. Martin en el joyero. No sé exactamente cuándo o cómo Albert descubrió el dibujo de Candy pero yo sólo tomé prestada esa idea en esta historia.

Notas de pie de página:

[1] Mi agradecimiento va para una de las devotas admiradoras de Albert quien me dio esta idea.

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