Ms Puddle's Haven

Relación Peculiar Capítulo 2

Mi más sincero agradecimiento a QuevivaCandy por invertir su precioso tiempo en la traducción de esta historia al español.

¡Gracias Amiga! ❤ ❤ ❤

-Ms Puddle

Relación Peculiar

 

Capítulo 2

Cuando Darren se estaba alistando para la gran fiesta de inauguración oficiada hoy por los Leagan, el mayordomo le informó que a su padre le gustaría verlo en su estudio.

Después de algunas pláticas informales, el Sr. McPherson se puso serio y le preguntó a su hijo como se sentía respecto a la Señorita Eliza Leagan.

El padre lo miró fijamente a los ojos y esperó su respuesta. El joven de unos veinticinco años se encogió de hombros con indiferencia. “¿La Señorita Eliza? Está bien. ¿Por qué, si puedo preguntar?”

El Sr. McPherson empujó hacia atrás su silla de cuero negro con respaldo alto y se puso de pie, paseándose alrededor del estudio sin decir una palabra. Estaba convencido que su único hijo no mostraba ningún interés especial por la Señorita Leagan a pesar que sus familias se habían frecuentado últimamente. De hecho, aunque no hacían falta jovencitas en su círculo social, Darren no le había prestado mucha atención a ninguna de ellas desde que su prometida había sido atropellada por un auto casi dos años atrás.

Cuando Darren estaba esperando pacientemente a que su padre dijera algo, su padre rompió el silencio, “Darren, ¿Has escuchado hablar de Sir William A. Ardlay? ¿El accionista mayoritario de los negocios de los Leagan?”

El joven de cabello castaño respondió, “El apellido me suena familiar. ¿Qué hay con él?”

“Sir Ardlay está emparentado con la Sra. Leagan, y ha aceptado la invitación para la fiesta de esta noche, trayendo consigo a su hija adoptiva.”

“¡Padre!” gruñó Darren en voz alta, levantándose de su asiento pero antes que pudiera expresar su protesta, el Sr. McPherson pronunció en tono autoritario, “¡Siéntate, Darren! ¡Escúchame primero!”

De mala gana, el joven se dejó caer en la silla. Entonces su padre le explicó, con un tono mucho más suave esta vez, “Tu madre y yo queremos que la conozcas, hijo. No estamos pidiendo mucho de ti. Únicamente un baile es todo lo que pedimos… por ahora.”

Mientras su hijo lo consideraba frunciendo el ceño, él continuó, “Nunca me han presentado a Sir Ardlay, pero su riqueza es incalculable. Sin su apoyo financiero, los Leagan no habrían sido capaces de sostener el negocio. Sin embargo, por alguna razón, él permanece soltero pero adoptó a una muchacha hace algunos años. Darren, el negocio de nuestra familia es insignificante si lo comparamos con el de él, pero ¿Quién sabe?”

Darren comprendió la intención de su padre aunque no lo haya dicho explícitamente. “Entonces Padre, ¿Solamente un baile?” preguntó, alzando una de sus gruesas cejas.

“Si, Darren. Eso es un buen comienzo.” Respondió, sonando complacido. “En caso la encuentres deseable, podría verificar un poco los orígenes de esa muchacha si es necesario.”

Eso era suficientemente razonable, así que Darren asintió en aceptación. Entonces su padre añadió, “El Sr. Leagan ha acordado presentarnos a Sir Ardlay en cuanto llegue, así que prepárate.”

Más tarde, cuando los McPherson llegaron a la fiesta, el Sr. y la Sra. Leagan les dieron la bienvenida con entusiasmo. Darren pudo ver que Eliza y Neil estaban entretenidos con otros invitados en esos momentos, y mientras tanto por lo menos había un centenar de ellos pululando en el gran salón.

Con orgullo, Darren deambuló alrededor del salón que estaba decorado con varias luces y lámparas. El alto techo estaba iluminado por una docena de preciosas lámparas de araña, todas fabricadas por los trabajadores de los McPherson. Su familia poseía una gran empresa que fabricaba productos de iluminación para numerosos hoteles y complejos turísticos locales, y Darren estaba a cargo de la exportación de sus productos hacia otros países.

Darren llegó a la terraza superior, y había notado que algunos invitados quienes habían merodeado por el patio para admirar la puesta del sol y el cielo carmesí de la noche, ahora estaban retornando al salón, donde la elegante orquesta estaba interpretando una hermosa melodía. Mientras que la redonda luna se asomaba detrás de las nubes grises y las estrellas empezaban a brillar, Darren se dio cuenta que la iluminación en el jardín no estaba bien diseñada, en especial el rincón más lejano detrás de la fuente de los deseos. Si no fuera por la luna llena, habría estado demasiado oscuro. Con razón el vasto patio estaba ahora desocupado. A nadie le gustaba pasear por la oscuridad.

Quizás debería informarle a los Leagan sobre esto, y fue entonces que escuchó una familiar voz masculina a sus espaldas, “Darren, Creo que ya están aquí. Vayamos y conozcámoslos.”

El Sr. Leagan y la familia de Darren se acercaron a Sir William A. Ardlay y a su hija por detrás. Camareros uniformados les estaban sirviendo champagne y entremeses.

Darren visualizó enseguida al hombre de cabello rubio. Era considerablemente más alto que las personas que lo rodeaban, y en comparación, la dama era menuda con una agradable figura. Al escuchar su nombre, la joven se giró con gracia, y también lo hizo el hombre que estaba a su lado.

En el instante en que Darren posó los ojos sobre la joven, quedó fascinado por sus brillantes ojos, en los cuales él juraba que podía ver un reflejo de sí mismo, un hombre a quien se le había caído la quijada. Ella poseía una sonrisa tan encantadora que él casi no podía apartar la mirada de su rostro, así que cuando se volvió a ver al hombre al lado de ella, Darren estaba verdaderamente perplejo ya que un par de sorprendentes ojos azules le estaban sonriendo.

Por un breve momento Darren pensó que este sujeto era la pareja de la Señorita Candice para la fiesta y que su padre adoptivo se encontraba en realidad en alguna otra parte. Sin embargo, el Sr. Leagan se dirigió a él como Sir William Ardlay.

Poco se había esperado Darren ver a un hombre en la flor de la vida, quien era apenas unos años mayor que él. En su mente Darren se había imaginado a un débil anciano, pero este sujeto ¡Ni siquiera era lo suficientemente mayor para ser el padre de la Señorita Candice! Eso sin mencionar que era uno de los hombres más apuestos que Darren hubiera conocido jamás.

No obstante, Darren se recompuso, pidiéndole al millonario su permiso para bailar con la Señorita Candice. Luego Darren vio a la Señorita Candice intercambiar una breve mirada con su padre adoptivo, y después de eso, Sir William le concedió su deseo y también invitó a bailar a las hermanas de Darren. Incluso un tonto podría decir que las muchachas estaban extasiadas por el joven millonario, y su padre, el Sr. McPherson, sonrió en consentimiento.

El resto fue como un sueño para Darren. Desde la muerte de su prometida, había evitado de alguna manera bailar con otras jóvenes. Esta vez, se dijo a sí mismo que simplemente estaba obedeciendo a sus padres al bailar con la Señorita Candice, pero en el momento en que tocó su pequeña mano, guiándola a la pista de baile, sintió como algo en su interior había revivido. Además, apenas podía apartar sus ojos marrones de sus cautivantes ojos esmeralda, y ella parecía ser inocente, ignorando con qué facilidad los hombres podrían perderse en esos verdes estanques de luz.

Mientras bailaban, tal como Darren había anticipado, los hombres alrededor de ellos le lanzaron miradas envidiosas. Él ignoró eso y se concentró en la joven. Parecía estar acostumbrada a bailar, y sus movimientos era naturales y fluían con gracia. Verdaderamente la admiraba, y luego se presentó hablándole un poco más de él. Sin embargo, a diferencia de las otras chicas a las que había conocido en el pasado, la Señorita Candice solo escuchaba y sonreía, no preguntando nada más, ni siquiera sobre la fortuna de su familia. No era como si a ella no le importara, pero su pensativo silencio parecía indicar que su mente estaba ocupada por algo más. Pronto, él se dio cuenta que ella enmascaraba la tristeza de sus ojos al sonreír constantemente, pero una vez que él la había visto, la tristeza nunca desapareció. Antes de darse cuenta, alguien le dio un golpecito en el hombro y le preguntó si podía presentarle a la hermosa joven. El tiempo pasó tan rápido que él ni siquiera advirtió que la música estaba terminando, pero por mucho que él quisiera permanecer con ella, tenía que dejarla marchar.

Desde entonces, muchos habían invitado a la Señorita Candice a bailar. Más que intrigado, Darren se encontró en la fila de espera para bailar con ella. Exudaba un aura tan encantadora que las personas no podían evitar sino ser arrastradas hacia ella, y Darren no era la excepción. Quería volver a estar físicamente cerca de ella. Al mismo tiempo, su curiosidad aumentaba cada vez más sobre su relación con el apuesto Sir William. ¿Por qué rayos un hombre como él había adoptado a una joven de su edad?

Entonces llegó el momento de la toma de fotografías. Para sorpresa de Darren, la Señorita Candice se negó a pararse al lado de su padre adoptivo. En lugar de eso, se paró entre los empleados de los Leagan. Algunos momentos después, la Sra. Leagan les pidió su atención a los invitados y dio un breve discurso. Muchos en la concurrencia fueron tomados por sorpresa cuando la Sra. Leagan mencionó que había contratado a la Señorita Candice en un orfanato como compañera de juegos de sus hijos pero más tarde la degradó a una sirvienta, trabajando en el establo. Nadie se habría imaginado que la Señorita Candice no nació siendo una dama, y que simplemente hubiera sido adoptada por una familia rica.

Cuando la Sra. Leagan estaba hablando en un tono gélido, las cejas de Darren se unieron frunciendo profundamente el ceño. Su propia madre era conocida como una filántropa entre sus contemporáneos y era miembro fundador de la organización benéfica local para personas con discapacidades. Por lo tanto, Darren estaba inmensamente desconcertado por la manera en que los Leagan habían tratado a una persona menos afortunada. ¿Qué edad tendría entonces la Señorita Candice? ¿Por cuánto tiempo había sido maltratada? ¿Cómo pudieron hacerle eso a una niña?

De vez en cuando, no pudo evitar mirar rápidamente a la Señorita Candice, quien estaba sentada cerca de la orquesta con los ojos fijos en su regazo. Él tenía la corazonada que ella debió haber tenido una horrible infancia antes de la adopción. Mientras se imaginaba como Sir William había descubierto su existencia y la había rescatado de esa miseria, no escuchó el resto del monótono discurso. Para cuando la Sra. Leagan había terminado de hablar, decidió ir a conversar con la Señorita Candice para animarla. Un momento… ¿A dónde se había ido?

Entonces Darren vio a Eliza y a su madre abandonar de prisa el salón. Se levantó de su asiento y se dirigió hacia donde la Señorita Candice había estado sentada, sin embargo, una pesada mano se posó sobre la parte superior de su espalda. Volvió la cabeza sobre su hombro y vio a su padre negando con la cabeza en señal de desaprobación. El rostro del hombre se ensombreció, y le susurró a su hijo, “Espera, hijo. Hablaremos después.”

Darren asintió una vez. “Bien,” fue su brusca respuesta.

Aunque no tuvo problema para descifrar el mensaje críptico de su padre, le desobedeció y a escondidas buscó a la Señorita Candice, preocupándose que quizás estuviera afectada por el discurso, pero de pronto la tristeza en sus ojos resurgió en su mente. Dedujo que algo más la estaba perturbando, pero ¿Qué podía hacer que una joven como ella se sintiera triste? Tenía casi todo lo que uno desearía tener, juventud, belleza y riqueza, no había duda de eso. Sin embargo, ¿Tendría alguna relación estable con alguien? Después de todo había llegado a la edad casadera. Muchas jóvenes de la alta sociedad estaban ya sea comprometidas o casadas a esta edad.

Como sea, Darren fingió mezclarse con los demás mientras escaneaba el gran salón con los ojos. Cuando estuvo seguro que la Señorita Candice ya no se encontraba dentro, descubrió que Sir William Ardlay ya no estaba más entre ellos. ¿También la estará buscando?

Mientras que su padre no estaba mirando, Darren salió de la multitud, dirigiéndose hacia la terraza. Desde arriba, observó a dos damas cerca de la piscina. Si no estaba equivocado, parecían ser Eliza y su madre, la Sra. Leagan. ¿Tal vez ellas podrían saber dónde se encontraba la Señorita Candice? Con eso en mente, decidió ir a preguntarles.

(Continuará)

Relación Peculiar

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