Ms Puddle's Haven

Relación Peculiar Epílogo



En Candy Candy Final Story (CCFS), sabemos que Candy de aproximadamente de treinta y cinco años, aún está muy enamorada de su esposo. Cuando él llegó a casa por la noche hasta donde ella estaba, ella saltó de la silla y corrió hacia sus brazos abiertos. Aunque Mizuki no escribió nada de Candy siendo madre, creo firmemente que Candy adoraba a los niños, así que decidí escribir un poco sobre esto. Espero que les guste el epílogo. Si ven algún error de escritura, por favor amablemente háganmelo saber. ¡Gracias anticipadas!

¡Muchas gracias por traducir, QuevivaCandy, mi querida amiga! ❤ ❤ ❤ ❤

-Ms Puddle

Epílogo (PG-13)

La niñera acababa de acostar al bebito para pasar la noche, colocándolo en una cuna hecha a mano por su padre, a manera que su madre pudiera descansar un poco. El niño fue inscrito como “William David Ardlay” en el servicio de bautizo del día de hoy, el cual había sido una ovación. Más de mil invitados, incluyendo reporteros y fotógrafos, habían asistido al servicio en la capilla, curiosos por ver al descendiente de la pareja dorada.

El día en que anunciaron oficialmente su compromiso, la gente pudo ver el anillo de compromiso en el dedo de la futura novia, el cual cambiaba de color y fue comprando aparentemente en Brasil. La piedra sumamente rara, alejandrita [1], adornada con dos diamantes pequeños en ambos lados, cambiaría de color dependiendo de las diferentes luces ambientales. No era de extrañarse porqué las personas afirmaban que la piedra alejandrita era una de las piedras preciosas más codiciadas en el mundo. Además, la belleza natural de la futura novia había cautivado a la audiencia sin esfuerzo, y su millonario prometido, con su impresionante aspecto y carismática personalidad, también se había ganado el corazón de los presentes. Su historia de amor había intrigado a un renombrado novelista, y con su permiso, una historia ficticia semi-biográfica, “Recuperándose de la amnesia”, había sido lanzada antes de la boda. La enternecedora novela pronto se había convertido en el tema de conversación de la ciudad, comparando la relación peculiar de la protagonista y su benefactor, con una novela epistolar muy popular, “Papaíto Piernas Largas”, publicada en 1912 por Jean Webster.

Madam Elroy hoy no pudo haber estado más orgullosa en el servicio de bautizo, presumiendo al nuevo heredero con sus parientes y amigos. Desde que su sobrino se casó, rara vez aparecía en público, habiendo pasado la mayoría de sus responsabilidades a la joven matriarca de la familia. Con la ayuda de su esposo, la Sra. Candice W. Ardlay era ampliamente conocida como una filántropa, particularmente por sus generosos regalos y servicios a varios orfanatos de Illinois y por sus contribuciones y compromiso en los hospitales locales, en la capacitación de estudiantes de medicina.

Archie y Annie, quienes hace poco se habían casado, habían aceptado ser los padrinos de David. También habían ayudado en la logística del servicio de bautizo. Aunque habían estado comprometidos durante mucho tiempo, se casaron hasta después de que Archie se había graduado. Cuando hoy iban de camino hacia la capilla, Annie le susurró a Candy que estaba esperando, pero que Archie había optado por esperar un par de meses antes de hacer el anuncio.

Sobra decir que había sido un largo día para el pequeño David, pero el bebé de seis semanas de edad había estado sorprendentemente cooperativo. Durante la presentación del broche familiar, lo que indicaba que él era el sucesor oficial de la línea de los Ardlay, se miraba adorable en los brazos de Madam Elroy. Cuando su padre se desprendió el broche de la chaqueta para colocárselo en el diminuto kilt, la madre tenía los ojos llenos de lágrimas de alegría, recordando su conversación respecto a su bebé, el día siguiente a su nacimiento.

(Inicio del flashback…)

“Candy, la Tía Elroy se opone firmemente a la idea de llamar Anthony a nuestro bebé. Eso le recuerda el accidente, y no logró dormir anoche preocupada por-”

Candy interrumpió a Albert colocándole un dedo en la boca, “Comprendo, Albert. Además, me dijo que sería confuso si padre e hijo tuvieran las mismas iniciales.”

“Buen punto,” él reconoció, sabiendo que su tía no quería imponer su opinión sobre ellos.

Entonces su esposa añadió, “La Tía Elroy nos dio una lista de nombres y, ¿qué te parece el nombre ‘David’? A tu tía le gusta mucho ya que dos reyes escoceses se llamaron David, y su significado es ‘amado’.” [2]

Después de ver minuciosamente la lista de nombres, ellos eligieron ‘David’ principalmente por su significado, no porque algunos reyes lo hayan usado en el pasado. Entonces, Candy sacó su atesorado broche del interior de la reliquia familiar, el joyero damasquinado. “Además, por favor no hagas un nuevo broche para nuestro bebé. Me gustaría darle el mío. Legítimamente es de él, ¿no crees?”

“¿Estás segura, Candy? Ese era mi regalo para ti.”

Ella le plantó un suave beso en los labios. “Lo sé, Pequeño Bert. Pero ya te tengo, y David es el primer fruto de nuestro amor, así que quisiera que él continuara pasando el broche hacia la siguiente generación.”

(Fin del flashback)

Después del servicio, la Sra. Watts no pudo evitar admirar al bebé, exclamando, “¡Miren! ¡El niño es una réplica exacta de su apuesto padre!” De hecho, poco después de que Candy había confirmado que estaba embarazada de su primer hijo, la Sra. Watts le había recomendado ampliamente a una niñera. Tal y como ella había garantizado, la niñera había sido de gran ayuda hasta ahora, y Candy estaba verdaderamente agradecida.

Patty se había mudado el año pasado a Miami, Florida, aproximadamente un mes después de Semana Santa [3], así que había enviado un gran regalo junto a una carta. Cuando Darren había ido un año atrás a la boda de Candy y Albert, casi a finales de marzo, antes de marcharse de Chicago le había propuesto matrimonio a Patty, pero ella lo había rechazado indicándole que no lo conocía lo suficientemente bien. No había sido fácil para ellos mantener una relación a larga distancia, por lo que él le había rogado que considerara mudarse a Miami, ya que ella tenía parientes allá. A Patty le había tomado semanas antes de que decidiera trasladarse y buscar un nuevo trabajo como maestra, dejando la ciudad donde Stear había crecido. Después de estar saliendo con Darren durante un año más, este le había vuelto a proponer matrimonio cuando la llevó a casa después de ir a cenar. Esa vez, ella felizmente aceptó de inmediato unirse a él en matrimonio. En la carta en que felicitaba a Candy por haberse convertido en madre, Patty le había contado las buenas nuevas. Aunque la fecha de la boda aún no se había fijado, era muy seguro que fuera a principios del próximo año, así que Candy le había prometido que con toda seguridad llevaría a su bebé para que presenciara su felicidad.

Por la fecha de la boda de Candy y Albert, pasó algo interesante que vale la pena mencionar. Cuando Annie se dio cuenta de la fecha exacta en la invitación para la boda, le había preguntado a Candy en privado, “¿Por qué esa fecha me suena conocida, amiga?” La futura novia solamente pudo decir, “Fue el día en que te fuiste del Hogar de Pony con tus padres adoptivos, Annie.” Annie no sabía que también fue el día en que Albert había huido de Lakewood, tropezándose con una pequeña llorona sobre una colina a kilómetros de distancia, y que inconscientemente había dejado atrás su broche de plata. Ese encuentro había permanecido como un secreto muy bien guardado entre Candy y su Príncipe de la Colina. No se mencionó en absoluto en su historia ficticia. Los lectores pensaron que la joven huérfana había conocido al hombre más importante de su vida junto a la cascada.

Mientras tanto, después de dejar al bebé David en su habitación con la niñera, en lugar de ir a la recámara principal para descansar, Candy sintió ir a visitar a su querido esposo. Debido a algunos asuntos urgentes de negocio, Albert se había retirado con George justo después del servicio de hoy. Por lo tanto, supuestamente estaba en su estudio en ese momento, trabajando arduamente con su leal asistente.

Sin embargo, como nadie le respondió cuando llamó a la puerta del estudio, ella se dio el pase. Para su desconcierto, a pesar de que la luz estaba encendida, no había un alma ahí dentro. Como siempre, su antiguo diario, el que hablaba sobre su vida pasada en el Instituto San Pablo de Londres, permanecía en un lugar visible. Podía verlo en una de las libreras con puertas de vidrio. Aunque todo el tiempo había sabido en donde su diario estaba guardado, y que la estantería nunca estaba con llave, no lo había tocado desde que se lo había confiado a Albert después de que él le propuso matrimonio sobre la colina. A petición de ella, aquella tarde él se lo había llevado consigo de vuelta a Chicago.

Luego Candy apagó las luces y se dirigió hacia la recámara principal, solo para descubrir que también estaba vacía. De alguna manera sintiéndose confundida, pensó, ¿qué está pasando? ¿En dónde está Albert?

De pronto, un par de largas manos le cubrieron los ojos. Cuando un jadeo se escapó de sus labios, la familiar voz masculina le susurró al oído desde atrás, “Tengo una sorpresa para ti, Candy, pero aún no abras los ojos. ¿Lo prometes?”

Mientras que ella se reía, asintiendo en aceptación, las manos se apartaron de su rostro. Ella permaneció con los ojos cerrados, sintiéndose satisfecha y agradecida. Su querido Príncipe de la Colina no había cambiado mucho en este sentido. Todavía disfrutaba darle sorpresas de vez en cuando. Durante sus dos semanas de luna de miel, le había dado regalos casi todos los días, a veces flores y a veces dándole de comer en la cama chocolates o frutas cubiertas de chocolate, antes o después de hacerle el amor. Cada regalo había sido etiquetado con una nota explicando por qué el Pequeño Bert no podía dejar de amar a su encantadora esposa.

En general, Albert había sido un esposo estupendo al hacer feliz a Candy constantemente, tratándola con absoluto afecto y devoción. Siempre le escribía postales y le enviaba telegramas cada pocos días durante sus viajes de negocio. Hablando de viajes, iba a partir a Londres dentro de dos días, y debido a eso, no regresaría hasta julio, aproximadamente dos semanas después de su cumpleaños. En ese momento, ella se tragó un suspiro, su ánimo se apagó ante el pensamiento de apartarse de su querido esposo durante tanto tiempo. Entonces escuchó su voz, “Ahora, puedes abrir los ojos, cariño.”

Sonriendo, Albert sostenía en sus manos un camisón de seda con tirantes de color verde esmeralda. El diseño flojo y sin cintura, le recordó a Candy que sus medidas habían aumentado tras haber dado a luz. Aunque su esposo la consoló al menos un puñado de veces, asegurándole que amaba su cuerpo a pesar de su talla, ella aun deseaba adelgazar, esperando casi llegar a su talla original. En ese momento, él se dio cuenta de su no muy entusiasta reacción y bajó el camisón, preguntándole con tono de preocupación, “Candy, ¿qué sucede? ¿No te gusta?”

Cuando ella suspiró pesadamente, él la tomó de la mano y la llevó a sentarse en el borde de su cama de dosel, tamaño king size. Cuando él colocó la ropa para dormir nueva sobre la cama, ella empezó a contarle que aún no podía olvidar su primer vestido hecho a la medida, aquel del mismo color que había usado para la gran inauguración del lujoso resort en Miami. Gracias a la doncella Stacy, las manchas de vino habían desaparecido por completo, y Darren les había ayudado trayéndoles el vestido restaurado antes de la boda, así que Candy había pensado usarlo para acompañar a Albert en un acto social. Lamentablemente, se había olvidado del vestido, y para el momento en que lo vio en el armario, ya estaba esperando a su hijo.

Él intuyó sus sentimientos. Candy últimamente estaba atravesando una fase difícil debido al aumento del estrés, causado por las tareas y responsabilidades maternas. Particularmente alimentar al bebé por las noches había tenido un efecto negativo en ella, por lo que necesitaba descansar más de lo habitual. Ya que el propio Albert había estado ocupado por el trabajo o con atribuciones empresariales, le era imposible llegar a casa todos los días para cenar, y a menudo regresaba para encontrar a su esposa ya profundamente dormida. Derivado a las complicaciones casi al final de su embarazo, al sangrado después de haber dado a luz y a su constante cansancio, desde hace meses que no habían tenido intimidad.

Como resultado, ella podría haber estado preocupada de que ya no fuera sexualmente atractiva para su esposo. Sin ella saberlo, él la había extrañado terriblemente y también su compañía, y era por eso que había pasado algún tiempo buscando para ella un conjunto de ropa para dormir de dos piezas. Sin embargo, ese ligero camisón le había llamado la atención hace unos días, así que lo había comprado y había estado esperando dárselo hasta esta noche.

En ese momento, la miró a los ojos, la rodeó con los brazos, y le dio un ligero beso en los labios. Siempre que le era posible, la besaba antes de irse a la cama, así que ella asumió que le daría las buenas noches después de eso. Cuando él se separó de ella, ella le mostró una débil sonrisa, sintiéndose internamente mal por arruinar el ambiente. Después de todo él le había comprado un regalo. Cuando ella estaba a punto de expresarle su apreciación por su consideración, él se volvió a inclinar y presionó sus labios contra los de ella, dándole así otro tierno beso. Por lo tanto, ella le respondió rodeándole el cuello con los brazos, pero en lugar de besarla, él le acarició los labios con los suyos, alternando entre el labio superior y el inferior durante varios segundos. A ella le encantó su amoroso gesto, así que sonrió contra sus labios, y aun así él inesperadamente dejó de hacerlo, acariciándole la oreja con la punta de sus dedos, su cabello y la mejilla a lo largo de toda su mandíbula. Para entonces, a ella la sangre se le había subido al cuello y rostro, y para él ella se veía muy adorable, así que le preguntó, “Candy, ¿estás cansada?”

Ella negó con la cabeza, sonriendo ampliamente. A pesar del largo día lleno de acontecimientos, quería pasar más tiempo con su esposo, sin sentirse aún agotada. Entonces él la invitó, “¿Te gustaría bailar conmigo?”

“¡No puedes estar hablando en serio!” ella comentó riendo entre dientes, sonriendo a pesar de ello.

“Por supuesto que hablo en serio,” él replicó, fingiéndose ofendido, pero en cuestión de segundos sus facciones se rompieron en una seductora sonrisa.

Ella vio a través de él y volvió a reírse entre dientes, sin embargo, él enfocó su amorosa mirada en ella, con un dedo señalando el nuevo camisón. “Permíteme ayudarte a cambiarte, mi amor. Quiero que solo lleves puesto esto.”

Ella se quedó de una pieza, pero solo por un momento. Su corazón palpitaba ante el fervor en los ojos de Albert, así que dejó que la alzara para ponerla de pie. Insegura de si él iba a encontrar su actual figura repulsiva, al mismo tiempo estaba entusiasmada y ansiosa. Cuando él se paró detrás de ella para desnudarla lentamente, deteniéndose ocasionalmente para darle un masaje en los hombros, cuello y brazos, se instó a sí misma a calmarse y dejar que sus instintos la guiaran. En breve, sintió una agradable corriente eléctrica recorriendo sus venas, su pulso se aceleró y su cuerpo tembló por el anhelo. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que él la había deseado.

Cuando le dejó continuar desatando su corsé, pudo escuchar cómo la respiración de él se iba haciendo más rápida e irregular. Finalmente, ella no tenía encima más que la última prenda, y él le aflojó el lazo del moño a manera que su cabellera cayera en una onda sobre sus hombros. Por él, ella se había resistido a la moda de cortarse el cabello bien corto, completamente consciente de cuanto le gustaba ensartar los dedos en sus revoltosos rizos rubios. Mientras que él estaba haciendo exactamente eso, ella se giró para quedar frente a él. Entonces él la escrutó, sus ojos azules se oscurecieron con llamas ardientes. Ella se sentía halagada por poder hacer que él se excitara, y sus manos, haciendo su propia voluntad, empezaron a desabotonarle la camisa, deslizándola impacientemente por sus hombros pero dejándole puesta la camiseta, la cual apenas podía ocultar su torso perfectamente esculpido. Él aún no se había cambiado de ropa, vistiendo todavía el kilt de las Tierras Altas que correspondía al que el bebé David usó el día de hoy, por lo que cuando los dedos de Candy le desabrocharon la hebilla de su cinturón, ella escuchó su gutural voz, “Olvídate del camisón…”

En el instante en que su kilt cayó, su gemido de placer hizo eco en las profundidades del alma de ella, y cuando a continuación serpenteándola la rodeó con sus brazos, sus labios instantáneamente se atrajeron como dos imanes. Cuanto más intenso era el beso, más se calentaba el cuerpo de ella, deseando su toque. De la misma manera, a él le dolía el cuerpo por la feroz necesidad de saborear su piel, así que le quitó la camisola por arriba de la cabeza y la dejó caer sobre la pila de ropa en el suelo, revelando sus sorprendentes y atractivos senos, los cuales ahora estaban más llenos debido al amamantamiento de su primogénito.

Cuando los ojos de él recorrieron su cuerpo expuesto, ella repentinamente recordó su figura post-parto. Sintiéndose cohibida, su rostro se sonrosó pero él la alabó enfáticamente, “Todavía eres hermosa, Candy.”

Sin palabras y profundamente conmovida por su cumplido, se le formó un nudo en la garganta. En aquellos estanques azul cielo se estaban arremolinando las llamas de su deseo por ella, y el pecho de Candy subía y bajaba en anticipación. Sin demora, él le pasó un brazo por la espalda y el otro por la parte posterior de sus rodillas, alzándola y tomándola entre sus brazos, y llevándola con él hasta la cama como lo había hecho innumerables veces en el pasado, como si nunca fuera demasiado pesada para él. Terminaron danzando en la cama, completamente desnudos; teniendo hambre de intimidad, con sus manos y labios ocupados dándose placer el uno al otro, no dejando un espacio sin explorar. Había extrañado estar piel con piel con ella y escuchar sus gemidos y quejidos, por lo que se deleitó con cada parte de ella, incluyendo sus brillantes ojos, sus rizos rubios, sus suculentos labios, su delgado cuello, sus delicadas clavículas, sus abundantes senos, etcétera. Determinado a satisfacerla, le prodigó muchísimas caricias y besos sobre su piel de porcelana y sus curvas femeninas. Ella se sintió tan amada y querida, y creyó en su esposo por encima de la sombra de duda, que para él ella era hermosa incluso ahora. Cuando ella dejó escapar un grito inalterado algún tiempo después, él se liberó dentro de ella, estando indescriptiblemente saciado. No había nada que lo hiciera sentir más celestial que hacerle el amor a su esposa. Después de eso se derrumbó sobre el cuerpo de ella dejando caer todo su peso, jadeando de placer; se acurrucaron y se besaron tiernamente, disfrutando de la sensación posterior de bienestar. Después de un rato, él se tumbó sobre su espalda y a ella le dio la vuelta a manera que su rostro quedara junto al latido de su corazón, y su cabello dorado se abanicara sobre su pecho desnudo. Entonces, mientras le acariciaba la espalda desnuda, le contó que el viaje a Londres se pospondría ya que él y George deberían quedarse allá más tiempo del planeado. Cuando ella se quejó contra eso, él la atrajo de tal forma que quedó acostada sobre él, boca abajo. Cuando ella se rió nerviosamente, él estiró el cuello para capturarle los labios con los suyos, pero un instante después ella rompió el beso, preguntando, “¿Cuánto tiempo te vas a quedar?”

Su mano subió hasta su cuello, trazando su mandíbula con el pulgar. “Por lo menos tres meses.”

“¿Tres meses?” repitió en voz alta, frunciendo el ceño por la impresión y empujándose hacia arriba, pero rápidamente él la volvió a atraer hacia él y le explicó, “Espera, cariño. También planeo llevarte a ti y a David conmigo. No vamos a partir hasta finales de noviembre, y para ese entonces nuestro bebito estará lo suficientemente fuerte para viajar. La niñera vendrá con nosotros, si eso te da tranquilidad.”

Hizo una pausa, dejando que ella asimilara sus palabras. Luego susurró, acariciándole el labio inferior con el pulgar, “Te amo.”

“Yo también te amo,” ella respondió con una dulce sonrisa antes de inclinarse para besarlo.

Así que en noviembre, ellos embarcaron en un emprendimiento comercial. De primero, los cuatro hicieron una parada en el Hogar de Pony. La Señorita Pony y la Hermana María no habían visto a David desde su bautizo a principios de junio, y ya había crecido bastante, teniendo unos resplandecientes ojos azules al igual que su padre. Candy no podía esperar llevar a su bebé al columpio de madera sobre la colina y columpiarse. La niñera se alejó para admirar el trabajo manual del Señor William y exclamó, “¡Por todos los cielos, Madam Candice! ¿Usted se desmayó?”

Ya que estaba frío y ventoso ahí arriba, Albert abrigó al bebé David con ropa gruesa y un afelpado gorro, sentándolo sobre su regazo y sujetándolo fuertemente por detrás. Cuando los tres estuvieron listos, la niñera los empujó desde atrás. Ante el sonido de la risa del bebé, todo el mundo sonrió, y Candy se sintió tan bendecida por tener finalmente su propia familia. Con los ojos cerrados, acomodó la cabeza contra el hombro de Albert, pensando, Príncipe de la Colina… Su amor por mí nunca ha flaqueado… con él, puedo ser yo misma. No tengo que interpretar el papel de lo que se espera de mí. Un día, incluso podría contarle al pequeño David acerca de cómo nos conocimos su padre y yo… en este mismo lugar.

Al día siguiente, a la primera luz del alba, tomaron un carruaje para ir a la estación de tren. Se juntarían en Nueva York con George y otro par de colaboradores de confianza y cruzarían el océano, para dirigirse a Londres. Exploraron oportunidades para expandir su negocio en Europa, y Londres muy probablemente sería su sede. Aproximadamente por Navidad, cuando Albert y Candy estaban disfrutando su tiempo libre paseando a David, se toparon con una casa blanca con un estupendo jardín cerca del Río Avon. Estaba a la venta, y a ellos les encantó tanto que la compraron y contrataron un ama de llaves. Por ahora la rentarían hasta que decidieran mudarse en un futuro al otro lado del océano. Candy pronunció con un aire de determinación, “Albert, dondequiera que tu vayas, yo te seguiré.”

Saliendo de Londres a mediados de febrero, la familia de tres arribó a Miami más de una semana después para asistir a la boda de Patty y Darren, el próximo domingo. Patty halló increíble que la figura de Candy no hubiera cambiado mucho, aún esbelta como siempre. Patty no tenía idea que le había tomado a Candy todos esos meses bajar de peso.

Era agradable volver a ver a Stacy. Patty siguiendo la recomendación de Candy, la había contratado desde entonces como su mucama personal, y Stacy había encontrado un trabajo fijo. Ellas deseaban que Annie pudiera estar ahí, pero acaba de haber dado a luz a una bebita. Sin embargo, le insistió a Archie para que fuera en su nombre. Archie tenía sentimientos encontrados, recordando a Stear, pero permaneció con la boca cerrada respecto a eso. En el fondo de su ser realmente estaba feliz de que Patty encontrara a alguien especial en su vida.

El domingo, Patty era una novia increíblemente hermosa sin sus lentes, y le dijo a Candy y a Albert durante la recepción, “Darren me dijo que solo necesitaba colocar la mano alrededor de su brazo y nunca apartarme de su lado.” Cuando Darren le hizo un guiño en respuesta, Albert se rió, a carcajadas, sabiendo como se habían conocido en la universidad.

Neil y sus padres, Raymond y Sarah Leagan, también estaban entre los invitados, pero de acuerdo a ellos, Eliza se había quedado en casa debido a que no se sentía bien. De hecho, ella había cortado todo lazo con la familia McPherson desde que había descubierto que Patty se había mudado a Miami. Candy se dio cuenta de que Eliza y Neil ya no la afectaban. Había derramado una gran cantidad de lágrimas durante aquellos días, cuando Candy solía vivir con ellos bajo el mismo techo. Sin embargo, todos esos años ahora se habían convertido para ella en hermosos recuerdos. Después de todo, el abuso por parte de ellos había conducido a Candy hacia Albert el vagabundo.

Neil al fin podía hablar relajadamente con Candy y Albert, y con orgullo les presentó a su novia. Era una joven encantadora de cabello liso rojizo, vestida a la última moda. Mientras conversaban amigablemente entre ellos, invitó a la pareja a cenar en el galardonado restaurante de su resort más lujoso. “Si gustan, puedo arreglar que ambos se queden por una noche en la suite presidencial, con champagne ilimitado incluido, todo corre por mi cuenta.” Aparentemente estaba de buen humor. Su razón principal era que no pudo asistir hace casi dos años a la boda de ellos. Así que ellos podían considerar esto como su regalo de bodas atrasado o un regalo por su aniversario.

Ya que ese resort en particular tenía para ambos un gran significado, Albert aceptó alegremente el generoso regalo de Neil y dejaron por una noche a David con la niñera antes de partir de vuelta hacia Chicago. Candy estaba feliz de haber podido llevar su exquisito vestido verde esmeralda a Londres, el que Albert le había solicitado a una diseñadora de modas que se lo hiciera a la medida, específicamente para la gran fiesta de inauguración de ese resort en Miami. Esa noche, ella se puso ese vestido, y Albert también se vistió elegantemente. La pareja tuvo un tiempo maravilloso, disfrutando de su tiempo juntos, bailando por lo menos una hora. Después de cenar, fueron a un paseo recreativo por el vasto patio, pasando por la fuente de los deseos y tomando un descanso cerca del jardín tropical. Ninguno de ellos podía olvidar el inesperado abrazo que habían compartido ahí, y desde ese amoroso abrazo, su relación había cambiado para bien. Fue solamente después de que su compromiso se había anunciado oficialmente, que Candy pudo confesarle a Albert los secretos tras su arrebato de aquella noche. Si en aquel entonces Albert no se hubiera alejado abruptamente de mí, y si yo no hubiera escuchado a mi corazón lo suficientemente rápido, entonces… Abrumada por las emociones, alejó los pensamientos; las lágrimas nublaron su visión cuando contempló a su cariñoso esposo, y levantó una breve plegaria, agradeciéndole a Dios por haberlo llevado a ella.

Poco después, regresaron a la suite presidencial y pasaron una noche romántica, saboreando el champagne en una tina caliente, seguido de hacer el amor continuamente. Era como una segunda luna de miel, donde ellos no podían tener suficiente del otro. Finalmente, en la madrugada del día siguiente, cedieron ante el agotamiento y yacieron en los brazos del otro, con sus cuerpos desnudos cubiertos con sudor. Se sentían fatigados pero eufóricos por la noche de obsesiva pasión.

Posteriormente en Chicago, cuando corrían de arriba abajo para organizar la fiesta del primer cumpleaños del pequeño David, Candy confirmó sus sospechas. Ciertamente estaba embarazada de su segundo hijo. Mientras que Madam Elroy apenas podía contener su emoción, Candy le confió en secreto a Albert que aunque amaba y adoraba a los bebés, temía atravesar otro embarazo. Su primera experiencia de gestación no había sido fácil en absoluto. Su esposo comprendió su preocupación y le agradeció de todo corazón que llevara en su interior bebés para él. Le preguntó, plantándole un suave beso en los labios y abrazándola más fuerte entre sus brazos, “¿Qué puedo hacer por ti, Candy? Sabes que te amo sin importar lo que pase.”

“¿Puedes prometerme, que por un año, no irás a ningún viaje de negocios que no dure más de una semana? Me encanta despertar junto a ti por las mañanas.”

Él estaba inmensamente conmovido al escuchar su sencilla petición. Como ella le había dicho una y otra vez, su mera presencia le era suficiente para darle una maravillosa sensación de seguridad. Por lo tanto, él se lo prometió, “Haré todo lo que esté a mi alcance, mi dulce Candy.”

Mantuvo su promesa a ella, y cuando dio a luz a otro maravilloso bebé, lo llamó Priscilla Rosemary Ardlay. Según la Tía Elroy, la bebita tenía unos impresionantes ojos azules del color del mar iguales a los de Priscilla, la difunta madre de Albert.

Sosteniendo a la bebé entre sus brazos, Candy prácticamente llevaba una sonrisa pegada al rostro, con el corazón lleno de regocijo y agradecimiento. Cuando David se subió a la cama, Albert lo sentó junto a Candy y le dijo a ella con un brillo de humedad en los ojos, “Realmente soy el hombre más feliz sobre la tierra, Candy. Me siento tan completo contigo y con nuestros dos hijos. No sé qué más puedo hacer para expresarte mi amor y gratitud, mi amada esposa.”

Mirándola profundamente a los ojos, suspiró antes de presionar cariñosamente sus labios sobre los de ella. “Realmente no puedo dejar de amarte, Sra. Candice White Ardlay. Me mantienes hechizado,” musitó contra sus labios. Sin mediar palabra, ella simplemente le devolvió el beso, vertiendo su amor hacia su devoto esposo, desde el fondo de su corazón y de su alma.

Porque me amaste
Por todas aquellas veces que estuviste a mi lado
Por toda la verdad que me hiciste ver
Por toda la alegría que trajiste a mi vida
Por todo el mal que tú convertiste en bien
Por todo sueño que tú hiciste realidad
Por todo el amor que encontré en ti
Siempre te estaré por siempre agradecida cielo
Tú eres quien me sostuvo
Nunca me dejó caer
Tú eres quien me vio a través, a través de todo
Tú fuiste mi fuerza cuando yo era débil
Tú fuiste mi voz cuando no podía hablar
Tú fuiste mis ojos cuando no podía ver
Tú viste lo mejor que había en mí
Me levantaste cuando no podía lograrlo
Tú me diste fe ya que tú creías
Soy todo lo que soy
Porque me amaste
Tú me diste alas y me hiciste volar
Tú tocaste mi mano y yo pude el cielo tocar
Perdí mi fe, tú me la devolviste
Tú dijiste que no había estrella fuera de alcance
Tú estuviste a mi lado y yo me mantuve con la cabeza en alto
Tuve tu amor, lo tuve por completo
Estoy agradecida por cada día que me diste
Quizás yo no sepa mucho
Pero sé que todo esto es cierto
Fui bendecida porque fui amada por ti
Tú fuiste mi fuerza cuando yo era débil
Tú fuiste mi voz cuando no podía hablar
Tú fuiste mis ojos cuando no podía ver
Tú viste lo mejor que había en mí
Me levantaste cuando no podía lograrlo
Me diste fe ya que tú creías
Soy todo lo que soy
Porque me amaste
Tú siempre estuviste ahí para mí
El suave viento que me llevaba
Una luz en la oscuridad, haciendo brillar tu amor en mi vida
Tú has sido mi inspiración
A través de las mentiras tú fuiste la verdad
Mi mundo es un mejor lugar por ti
Tú fuiste mi fuerza cuando era débil
Tú fuiste mi voz cuando no podía hablar
Tú fuiste mis ojos cuando no podía ver
Tú visto lo mejor que había en mí
Me levantaste cuando no podía lograrlo
Tú me diste fe ya que tú creías
Soy todo lo que soy
Porque me amaste [4]

FIN

Relación Peculiar

Notas de pie de página:

[1] Alejandrita, llamada así por el Zar de Rusia Alejandro II, es una piedra preciosa extremadamente rara, encontrada en las montañas Ural en Rusia, en 1830. Es una fascinante piedra preciosa ya que cambia de color dependiendo del tipo de iluminación ambiental. Por ejemplo, algunas alejandritas son verdes a la luz del día pero se tornan rojas en el interior y bajo luces incandescentes. Otras piedras alejandritas cambian de un hermoso color turquesa a un fascinante magenta. Por lo tanto, las piedras alejandritas han permanecido como las piedras más codiciadas en el mundo, y también pueden encontrarse en Brasil, en el este de África y en Sri Lanka.

[2] Los dos reyes escoceses se llamaron David, David I. El primero reinó de 1,124 a 1,153, y el segundo, de 1,329 a 1,371.

[3] Domingo de Resurrección en 1920, fue un 4 de abril.

[4] Traducción al español de la letra de la canción “Because You Loved Me”, interpretada por Celine Dion y lanzada en 1996.

Nota:

Espero que hayan disfrutado mi historia corta, y este epílogo es para darles destellos de la vida de Candy como esposa y madre. En toda la historia, traté lo más posible de permanecer fiel a Candy Candy Final Story (CCFS), pero por supuesto, de vez en cuando usé mi imaginación.

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