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Dec 12 2013

No sé si es amor: Capítulo V “Almas Gemelas” (Parte 1)

Nota: Este Capítulo final extra largo contiene unos cuantos flashbacks, que están entrelazando eventos del presente y del pasado. Siento mucho si pueden encontrarlo algo confuso, pero sentí que esta era una manera eficiente de explorar la intrigante relación de Candy y Albert para hacer que la historia fuera corta.

Como siempre, ¡Los comentarios son bienvenidos! Quisiera agradecer a aquellas/os lectores quienes me han alentado bastante con sus comentarios o mensajes privados. Agradezco todas las opiniones de todos ustedes.

Capítulo V: Almas Gemelas (Parte 1)

Al día siguiente, mis ojos se abrieron somnolientamente para descubrir la brumosa luz previa al amanecer, llenando nuestro dormitorio. Miré a mí alrededor estirándome al mismo tiempo con pereza y noté que la mayoría de las velas ya se habían quemado. Acostado boca arriba junto a mí estaba mi apuesto príncipe, quien estaba profundamente dormido igual que un bebé. Su masculino cuerpo estaba cubierto debajo de la frazada y su rubio cabello ondulado estaba despeinado. Pobre Albert… el estrés del viaje de negocios finalmente debe haberle pasado la factura.

Anoche había parecido un sueño ya que no había esperado a que Albert llegara a casa para nuestro aniversario. Además, habíamos hablado mucho aunque pude darme cuenta que él estaba cansado por el viaje. Eso solo significaba cuanto él siempre se preocupaba por mí y por mis sentimientos.

¡Qué dicha poder despertar al lado de mi amado! Me permití el placer de mirar su apacible semblante. Incluso mirar su pecho subir y bajar rítmicamente me hizo sonreír. Albert era mi devoto esposo, así que yo sabía que era la única mujer quien ha tenido este privilegio. Levanté mi mano y con cuidado retiré el cabello de su rostro ya que siempre me encantó admirar sus cinceladas facciones cuando está descansando. Justo en este momento, él se movió en sueños y se dio la vuelta para recostarse de lado, quedando frente a mí con sus ojos todavía cerrados. La frazada por consiguiente se corrió de lugar, revelando su tonificado torso. Mis ojos automáticamente recorrieron su pecho desnudo y se detuvieron en donde las cicatrices estaban, la sólida prueba que él estaba dispuesto a arriesgar su vida por mí cuando fuera necesario.

Esto me recordó la primera vez que había tocado sus cicatrices. En nuestra noche de bodas, Albert me había cargado pasando el umbral de nuestra habitación y me bajó en un asiento especial frente al tocador. Entonces, sentándose justo a mi lado, me había ofrecido masajear mis pies ya que yo había estado usando tacones todo el día. Se había sentido estupendo estirar y descansar mis piernas, así que yo le había expresado mi agradecimiento por su atención y consideración. Él me había dado una dulce sonrisa como respuesta y se había desplazado para sentarse detrás de mí, llevando sus manos alrededor de mi cuello para ayudarme a quitarme el pesado collar y los aretes. Después de eso, él había masajeado suavemente mis tensos hombros y había dicho con una voz llena de ternura, “Solo relájate, Candy.”

Levantando mis manos para cubrir las de él, había pensado en decirle que cómo podía relajarme cuando mi corazón ya tenía un rato de estar latiendo fuertemente como un loco en anticipación y nerviosismo. Justo entonces, él me había dado unos suaves besos en la nuca, enviando una oleada de calor a través de mi cuerpo. Antes que yo pudiera reaccionar, él había retirado sus manos de las mías y las había movido para deshacerme el peinado con sus suaves manos, dejando que mis rizos dorados cayeran en cascada en mi espalda y sobre mis hombros. Mirándome en el espejo, él se había aproximado respirando rápidamente y elogiándome con la voz ronca, “¡Candy, te miras deslumbrante con el cabello suelto!”

Así que tuve que girarme, obligándome a encontrar su penetrante mirada y comenté, “No tuve oportunidad de decirte hoy que también te mirabas elegante con tu kilt, mi Príncipe de la Colina. La última vez que te vi usando uno fue cuando eras un adolescente.”

Sus ojos habían resplandecido con deleite en cuanto escuchó mi cumplido. Después de mirarme fijamente y con intensidad por un momento, él sorpresivamente había insinuado, con voz apremiante pero suave, “Candy, ¿Quisieras ayudarme a desvestirme?”

Tragando saliva y sonrojándome, yo había acatado su solicitud. Con las palmas sudorosas y el pulso acelerado, había retirado los accesorios del kilt uno por uno, mirando fijamente el sporran, el sombrero, el broche del tartán y la solapa del tartán. Después de quitarle la chaqueta, le había dado una tímida mirada, mordiendo con nerviosismo mi labio inferior antes de desabotonar su camisa. Deslizando la camisa por sus hombros para exponer su bien formado pecho bajo la tenue luz de las velas, mis ojos se habían visto atrapados por aquellas cicatrices en su torso que de otra manera estuviera sin defecto. Mi mano temblorosa se había estirado para tocarlas pero yo había dudado en hacerlo. A causa de eso, Albert rápidamente había tomado mi mano y la había colocado sobre su palpitante pecho, sonriéndome. Mientras mis dedos habían estado delineando suavemente aquellas cicatrices que marcaron su piel cerca de su corazón, le había preguntado con trémula voz, “Alguna vez pensaste sobre qué hubiera pasado si el león… ya sabes… tú eres muy importante para tu familia…”

Observándome con determinación en sus ojos, había respondido en tono reflexivo, “Es verdad que ya había recuperado la memoria, Candy, pero no lo pensé dos veces en aquel crítico momento. Solo sabía que tú estabas en peligro.”

Profundamente conmovida por su firme amor por mí, yo había exclamado sintiendo las lágrimas aparecer por mis ojos, “Te debo mi vida una y otra vez, mi príncipe… ¿Cómo voy a vivir sin ti?”

“No te dejaré nunca más, mi princesa. Hasta que la muerte nos separe,” respondió fervientemente. Yo me había apresurado a cubrir su boca, negando con mi cabeza vigorosamente y supliqué, “No vuelvas a mencionar esa palabra, Albert. Haces que me asuste.”

Asintiendo con una sonrisa llena de amor persistiendo en sus labios, entonces sus ojos habían reflejado cuanto me había deseado. Al siguiente instante me había empezado a besar y acariciar con afecto y pasión, quitándome cuidadosamente mi vestido de novia y haciendo una pausa de vez en cuando para darme fugaces besos contra mi piel expuesta paulatinamente. No pude evitar el molesto temblor de mi cuerpo, sintiendo que mi corazón estallaría fuera de mi caja torácica en cualquier momento. Mi rostro ardiendo por el rubor, debe haberse puesto rojo carmesí en el momento en que él había retirado la última pieza de ropa sobre mí. Sus labios se habían separado en asombro y sus ojos se habían abierto a más no poder, mirándome cuidadosamente con admiración. Respirando muy fuerte, logró hablar con voz baja y gutural, “Mi querida esposa… que bella mujer eres…”

Nada podía hacerme sentir más amada que estar encerrada por sus protectores brazos. Su toque había sido tan amoroso y sus besos sobre mi cuerpo habían despertado todos mis sentidos. Mi temblor había cesado en poco tiempo. En lugar de eso, había sentido un intenso deseo y amor por mi querido esposo con cada célula de mi ser. Todo el tiempo nos habíamos susurrado palabras de cariño, consumando nuestro amor por primera vez. Esa noche fue ciertamente uno de los recuerdos más preciosos de mi vida, y no me sorprende por qué Albert había pensado que yo había soñado sobre esto anoche.

Mientras tanto, simplemente nunca me canso de contemplar a mi esposo dormir y tuve que reprimir el deseo de tocarle la barba que le ha crecido durante la noche, la cual no llego a ver mucho ya que él es un madrugador y generalmente ya se ha rasurado antes que yo me despierte. Otra razón es que él con frecuencia está de viaje de negocios, la mayor parte de las veces solo por unos cuantos días pero algunas veces pueden ser semanas.

Entonces, lo vi parpadear de forma perezosa. No le tomó mucho tiempo darse cuenta que yo lo estaba adorando con mis ojos, por lo que una sonrisa de satisfacción se extendió lentamente por su rostro. Él murmuró, “Buenos días, mi adorada princesa. ¿Descansaste bien?”

“No pude haber descansado mejor. ¿Qué hay de ti, mi príncipe azul?” Respondí a su pregunta, levantando mi mano para delinear con la punta de mis dedos su incipiente barba. Su sonrisa es tan encantadora… me hace querer besarlo en este momento…

Ajeno a mis pensamientos internos, él acarició mi nariz ligeramente y pronunció, “Igual. De hecho, no había descansado tan bien por semanas.”

Una sonrisa de felicidad llegó a mi rostro después de escuchar eso, por lo que uní mis labios con los de él fugazmente e hice una broma, “Dime, Pequeño Bert… ¿Fue porque yo estaba contigo?”

Con sus ojos azules llenos de amor, él sonrió ante la mención del sobrenombre que Rosemary le había dado y me dio un tierno beso en la comisura de mi boca como respuesta. Entonces me acurruqué junto a él y el respondió acostándose boca arriba de nuevo para que yo pudiera colocar mi cabeza contra su hombro, apoyando mi mano sobre sus cicatrices. También pasó su brazo por mi espalda, pasando cariñosamente sus dedos por mi cabello. Por el momento, simplemente estábamos saboreando el calor reconfortante del cuerpo del otro y no sentimos la necesidad de decir nada.

Después de un rato, le pregunté con la voz relajada, “Albert, ¿Estás cansando? Todavía no ha amanecido. ¿Quizás debiera dejarte dormir?”

Él respondió en tono natural, “Bueno, ya estoy completamente despierto. Además, hoy me tomaré el día libre para estar contigo, Candy, y nadie nos interrumpirá, ni siquiera George.”

Terminamos riéndonos juntos, recordando como la revelación de Albert como el Príncipe de la Colina había sido abruptamente interrumpida por George. Albert después había bromeado que George frecuentemente se había atravesado en su camino en el momento oportuno.

Cuando las risas se disiparon, nos miramos fijamente con un poco de nostalgia. Poco tiempo después, Albert comentó, “El recuerdo de ese día de primavera en particular en la Colina de Pony, ciertamente permanecerá en nuestros corazones y en nuestras mentes por muchos años venideros, Candy, al igual que nuestro primer encuentro hace muchos años.”

No pude estar más de acuerdo con él. En ese entonces, después de hacerme girar de felicidad por nuestro reencuentro, Albert se había detenido poco a poco mientras me abrazaba con fuerza. Todavía estremeciéndome por la euforia y preguntándome si solo había sido un sueño, yo había enterrado mi rostro en su vibrante pecho y murmuré con emoción, “Albert, así que tú eres mi Príncipe de la Colina.”

Mi príncipe había reaccionado estrechando su agarre alrededor de mí y murmuró con ronca voz, “Si… lo soy.”

Con mi corazón estallando de amor y gratitud por él, había querido hablarle por siempre. Lamentablemente, para nuestro disgusto, George había aparecido de la nada y le rogó a Albert para que regresara a Chicago por algunos asuntos urgentes de la empresa. A pesar que Albert originalmente había planeado pasar un largo rato hablando conmigo en la Colina de Pony, tuvo que irse con George enseguida. Ambos habíamos estado sumamente decepcionados por este inesperado cambio de planes y no pude evitar lanzarle una fulminante mirada a George.

Había sido muy duro para mí ver marchar a Albert justo después de su importante confesión. Sintiéndome terriblemente molesta, le había seguido todo el camino cuesta abajo de la colina. Antes de meterse al auto, mi príncipe me había abrazado fuertemente una vez más, susurrando en mi oído, “Candy, ¡Te aseguro que regresaré y me quedaré por más tiempo!”

Yo había permanecido de pie en mi lugar hasta que el auto había desaparecido de mi vista, sintiendo como si el Príncipe de la Colina se hubiera desvanecido otra vez, pero su abrazo y su promesa me habían dado consuelo y esperanza. Cuando había regresado al Hogar de Pony después de eso, había estado tan perdida en mis pensamientos y había decidido no contarles a mis amigos acerca del precioso reencuentro con mi príncipe. Después que se habían ido, yo había pasado el resto de la noche mirando fijamente las estrellas con embeleso, reproduciendo en mi cabeza una y otra vez el feliz evento sobre la colina hasta que había tomado una pluma para escribirle mi primera carta a mi príncipe. [1]

En la actualidad, Albert estaba mirando fijamente el techo con la mirada perdida, como si también estuviera recordando. Después de lo que me había confesado anoche, yo estaba muy aliviada que él hubiera decidido dejarme saber su secreto sobre ser el Príncipe de la Colina. Así que me aparté ligeramente de él y me apoyé sobre mi codo, haciéndolo perder el hilo de sus pensamientos, “¿Albert?”

Él se rió entre dientes y me dio una mirada llena de amor mientras se movía para recostarse de lado, para mirarme, “Dime, ¿Candy?”

“¿Sabes cuan emocionada estaba cuando me di cuenta que el príncipe que había conocido en mi infancia se había convertido en mi íntimo amigo quien había estado a mi lado todos estos años? Y no solamente eso, nos habíamos enamorado el uno del otro…”

Esta no era la primera vez que yo había dicho algo sobre lo mismo, así que él prontamente terminó mi declaración por mí con seguridad, “¡…como si el destino nos hubiera unido!

“¡Correcto!” declaré enérgicamente asintiendo con firmeza. Entonces deduje que tal vez debería cambiar de tema para no aburrirlo. En cuanto vi los primeros rayos del sol filtrarse por la ventana, hice una pregunta válida, “¿Tienes hambre, querido?”

Antes que Albert pudiera responder, yo deslicé mi mano debajo de la frazada para dibujar círculos sobre su sólido abdomen de manera juguetona. Él instantáneamente agarró mi mano y se rió disimuladamente, “Candy, sabes que eso hace cosquillas.”

Dije entonces riéndome, “Lo sé y es por eso que lo estoy haciendo.”

Muy divertido, estalló alegremente en una risa, todavía sosteniendo mi mano con la suya. Después, respondió a mi pregunta, “Si, ahora tengo un poco de hambre, pero tolerable. ¿Y tú? ¿Quisieras comer algo, mi amor?”

“No en este momento,” respondí en tono perezoso y con la voz apenas más fuerte que un susurro, entonces admití, “Prefiero quedarme en la cama contigo toda la mañana-“

Fui interrumpida por su repentino beso, el cual envió una corriente eléctrica por mi espina dorsal. Sonreí contra sus labios y le regresé el beso, acunando su rostro con mis manos. Enseguida, tomó mis hombros para darme la vuelta, por lo que mi cabeza estaba apoyada en la suave almohada mientras que él se recostaba encima de mí, profundizando el beso. Sintiendo el peso de su cuerpo pegado sobre mí, mis manos recorrieron ansiosamente el familiar contorno de su espalda mientras le regresaba el ferviente beso, dejando que mis labios se amoldaran a los de él. Lamentablemente, caí en la cuenta de algo en este preciso momento y tuve que empujarlo suavemente para detener nuestro besuqueo.

“¿Qué sucede, Candy? ¿Te lastimé?” preguntó Albert con sus cejas fruncidas, jadeando levemente y su voz estaba llena de preocupación y confusión.

“¡No, no!” le aseguré con una sonrisa de medio lado, negando con la cabeza y explicándole rápidamente, “Es solo que me di cuenta que me he olvidado del regalo de la Tía Elroy. Ella ha enviado a alguien para traernos un enorme regalo desde Lakewood.”

“¿Y qué hay de urgente con eso?” inquirió, verdaderamente perplejo.

“En realidad, no lo sé, pero el regalo vino con una breve nota que decía algo como “Feliz Aniversario para mi sobrino y su esposa. Abran esto tan pronto como sea posible.”

“¿Y?” indicó Albert, levantando la ceja socarronamente.

“Por consiguiente, creo que debemos abrirlo ahora, por si acaso,” le animé deslizándome fuera de la cama, pero sin previo aviso él deslizó sus brazos por detrás alrededor de mi torso desnudo y seductoramente me atrajo hacia él, haciéndome gritar con una mezcla de placer y de sorpresa.

Albert entonces susurro con voz ronca en mi oído, “Mi querida esposa, el regalo de mi tía puede esperar.”

Justo después de eso, con su brazo izquierdo colocado firmemente alrededor de mi cintura, levantó su mano derecha para quitar con suavidad mis rizos, exponiendo mi cuello. Pude sentir su cálido aliento acariciar mi mejilla mientras que él suavemente mordisqueaba el lóbulo de mi oreja, lo que me hizo jadear y debilitar mi propósito considerablemente. Incapaz de resistirme a su avance, desesperadamente le permití que me aproximara incluso más cerca de él, y su mano izquierda lentamente empezó a masajear mi blando ombligo, haciéndose camino hacia arriba. Al mismo tiempo, su boca había viajado a lo largo de mi cuello, dejando un rastro de besos, y yo gemí y me estremecí en deseo y excitación, agitándome en anticipación. Entonces el rozó la curva de mi hombro y con las puntas de los dedos de su mano libre sutilmente acarició mi clavícula mientras se movía en un movimiento descendente. Yo estaba derritiéndome rápidamente y sentí como cedía ante él en este instante, pero logré rogarle con un débil gemido, “Albert, por favor detente… solo quiero un poco de tranquilidad.”

No me esperaba que él se detuviera de inmediato, pero lo hizo. Mientras yo me daba la vuelta para quedar frente a él, el dejó caer sus brazos como si estuviera derrotado y suspiró exageradamente después de eso. Él siempre ponía mis sentimientos primero, lo que normalmente era grandioso, pero me sentí decepcionada esta vez, y no sabía que era lo que yo realmente quería en este momento. Entonces él me observó, pretendiendo verse rechazado. “¿Así que no me deseas ahora?”

“¡William!” lo llamé por su nombre de pila, fingiendo seriedad para ocultar mi decepción, imité la cara larga de la Tía Elroy, antes que yo misma estallara en risas. Él también se rió abiertamente, negando con la cabeza en resignación. Cuando nuestras risas se sosegaron, amablemente ofreció, “Iré a traer el regalo de mi tía, Candy. Solo dime en donde está.”

Entonces le di instrucciones de cómo encontrarlo entre los numerosos regalos dentro de nuestro espacioso dormitorio. “Es la caja más grande, sellada con la insignia de los Ardlay. No puedes no encontrarlo, Albert.”

“De acuerdo,” dijo mientras salía de la cama para ir a buscar su bata negra, la misma que había llevado puesta cuando descubrí su verdadera identidad en la mansión de Lakewood. Originalmente, él había querido comprarnos antes de nuestra boda un par de batas a juego de un color más claro, pero yo quise que él conservara la bata negra porque tenía un significado muy importante para mí. Por consiguiente, él mejor me había comprado una bata negra a juego con la de él.

Cuando me pasó mi bata antes de ponerse la suya, no pude evitar sino fijar mi mirada en su cuerpo perfectamente definido, que era muy seductor, inclusive después de haberlo visto muchas veces. En cuanto él estaba a punto de anudar el cinturón alrededor de su cintura, observó que yo lo estaba mirando fijamente como una estúpida, así que rápidamente mostró una engreída sonrisa y deliberadamente dejó su bata suelta, sentándose a mi lado en la cama. “Candy, solo me preguntaba… ¿Quisieras acompañarme a ducharme antes de abrir el regalo de mi tía?”

“¡William Albert Ardlay!” Repentinamente un torrente de sangre caliente se precipitó en mi rostro, simulando estar enfadada al llamarlo por su nombre completo mientras que con rapidez deslicé un brazo dentro de la manga de mi bata para ocultar la vergüenza de haber sido atrapada mirándolo.

“¡Está bien, Sra. Ardlay!” dijo más fuerte, apenas capaz de esconder su sonrisa ante mi tono casi indignado, terminando de atarse el cinturón. Algunas veces le gustaba bromear dirigiéndose a mí como ‘Sra. Ardlay’ al igual que yo ocasionalmente lo molestaba llamándolo ‘Tío Abuelo William’ o ‘abuelo’.

Entonces se puso de pie y dijo, “Déjame ducharme primero antes de ir a buscar el regalo de mi tía.”

Introduciendo mis dedos por mi cabello enredado, instantáneamente argumenté, “¿Puedo ducharme primero? Mi cabello debe estar hecho un desastre.”

“¡Tu cabello luce estupendo para mí, Candy, es tan brillante y exquisito!” comentó con una irresistible sonrisa antes de preguntar, “Pero de todos modos, ¿Estás segura que no quieres acompañarme? Te prometo que voy a portarme bien.”

Me sonrojé aún más pero no le respondí esta vez, y la siguiente cosa que supe fue que alegremente me levantó y me acunó en sus brazos al igual que un bebé, causando que yo gritara de placer. Por supuesto que para nada protesté y dejé que me llevara a nuestro baño privado. Albert mantuvo su promesa de portarse bien pero fui yo quien no pudo mantener las manos quietas. Así de fácil, nuestro deseo por el otro se encendió, y de alguna manera terminamos en la cama de nuevo, perdiéndonos es éxtasis.

Posiblemente yo estaba más agotada de lo que había pensado, así que caí dormida en sus brazos mientras me acurrucaba a él después de hacer el amor. Era casi media mañana cuando me desperté otra vez, pero esta vez estaba sola en la cama. Inmediatamente salí disparada de la ancha cama cuando un sombrío pensamiento llegó a mi mente, solo fue un sueño, una loca fantasía.

Sintiéndome mareada y confusa, me sobresalté al oír el sonido de la puerta al abrirse y pronto entro mi esposo vistiendo sus pijamas, aquellas que yo le había comprado cuando estábamos en el Magnolia, llevando una bandeja con el desayuno en sus manos. ¡Así que era real! ¡Mi príncipe en verdad está en casa conmigo!

“Buenos días, bella durmiente,” me saludó con una radiante sonrisa. “¡Justo en el momento adecuado! Yo estaba pensando si debía despertarte con un beso,” bromeó mientras colocaba la bandeja con el desayuno sobre la cama frente a mí antes de sentarse a mi lado. Él olía tan fresco por haberse duchado y se veía tan encantador con su cabello naturalmente ondulado y ligeramente húmedo.

Albert había hecho un desayuno que se miraba delicioso y ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que él nos había hecho el desayuno, así que exclamé con entusiasmo, “¡Albert, qué maravilloso y considerado de tu parte!” entonces le expresé mi agradecimiento rodeando con mis brazos su cuello y dándole un beso de buenos días.

Después de eso, él puso mi bata sobre mí. “Puedes resfriarte, Candy,” dijo amablemente.

Le agradecí y me puse la bata adecuadamente. Estirándome y bostezando, le pregunté, “¿Entonces volviste a dormir, Albert?”

“¡Si, lo hice, al igual que tú!” bromeó haciendo un guiño y sugirió, “¿Comemos? Estoy muerto de hambre.”

Mi estómago gruñó con fuerza justo en este momento, lo cual fue muy vergonzoso. Sin molestarse por esconder su sonrisa, se rió disimuladamente, “Creo que ya tuve la respuesta a mi pregunta.”

Mientras estábamos devorando el exquisito desayuno, Albert me contó muchas cosas interesantes que pasaron durante el viaje de negocios con George. Ellos habían viajado por algunas de las más grandes ciudades de Europa en busca de oportunidades de negocio, y la posibilidad de expandir las empresas Ardlay por allá parecía muy buena.

“¿Entonces eso quiere decir que próximamente pasarás más tiempo viajando a Europa?” le pregunté, tratando de sonar serena y cubrir mi tristeza.

Albert vio a través de mí y como era de esperarse asintió en silencio, limpiando su boca porque había terminado de comer. Mi estómago ya estaba lleno, así que quise distraerme retirando la bandeja del desayuno pero él la había tomado antes que yo y simplemente la colocó a un lado.

Con una tierna sonrisa adornando sus labios, me dijo, “Pero las buenas noticias son, que me gustaría llevar a mi amor conmigo.”

Aunque confundida, no obstante yo estaba entusiasmada al escuchar aquello, “¿Hablas en serio?”

“¡Absolutamente!” me afirmó, rodeando cariñosamente mi hombro con su brazo. “¿Recuerdas que en una de mis cartas te pregunté si querías viajar conmigo?”

“Claro que me recuerdo de eso, y ansiosamente te pedí que me llevaras contigo en mi respuesta.” [2]

“Entonces ese es mi regalo de aniversario para mi queridísima esposa,” terminó con una sonrisa enigmática.

“Todavía no lo comprendo. ¿Exactamente qué quieres decir?” pregunté, obviamente confundida.

Viendo mi expresión de confusión, sus ojos se fijaron en los míos por un momento antes de explicar con paciencia, “Nuestros negocios en Londres están yendo muy bien y es más fácil para nosotros expandir la empresa por Europa si tenemos una base en Londres. Como deseo poder verte más seguido, tengo la intención de comprar una casa cerca de Londres para nosotros, pero si tú prefieres quedarte en Chicago-“

“¡No!” grité, interrumpiendo su declaración sin ninguna vacilación. “¡Iré donde quiera que tú vayas, mi príncipe! Realmente no importa en donde vivamos mientras que estemos juntos.” El solo imaginarme pasar otras cuantas semanas sin verlo era agonizante.

Albert se veía aliviado, y sus ojos azules se iluminaron de inmediato. Entonces nos abrazamos muy fuertemente como que si separarnos ya no era algo tolerable. Él dijo, “No puedo soportar más viajes de negocios sin ti a mi lado nunca más, entonces busquemos juntos nuestra casa de ensueño en los alrededores de Londres.”

“Oh Albert… ¡Nada puede hacerme más feliz que pasar más tiempo contigo de ahora en adelante!” dije como si estuviera soñando, apoyando mi cabeza sobre su hombro. Por ahora, yo estaba más que feliz de saber que él deseaba mi compañía cuando estuviera empezando una nueva aventura de negocios en un continente diferente.

Un momento después, inquirí curiosamente, “¿Qué pasará con la empresa aquí en Chicago?”

“Buena pregunta, Candy. Tú sabes que nuestra compañía tiene numerosos empleados y que las empresas se han expandido hacia otras partes de América, así que posiblemente no puedo supervisar todas ellas a diario. Por lo tanto, a diferencia de mi padre quien llevó casi todo sobre sus hombros, he aprendido a delegar más y más responsabilidades a aquellos que han probado ser capaces y dignos de confianza en los últimos años. Regresaré a nuestra sede en Chicago de vez en cuando para asegurarme que los objetivos de los negocios establecidos sean alcanzados, pero creo que estas personas pueden hacerlo bien sin mí.”

“Estoy tan aliviada por escuchar eso, Albert,” comenté de corazón. “¡Siempre estoy preocupada porque un día pudieras colapsar por trabajar mucho!” declaré, con la voz al borde del miedo, y deshice nuestro abrazo para mirarlo a los ojos.

Entonces él rozó sus labios contra mi mejilla con amor, apretando mis hombros suavemente para calmarme. Sujeté sus brazos y le imploré enérgicamente, “Albert, por favor prométeme que no trabajarás demasiado como tu padre.”

Él suspiró mientras me envolvía en su cálido abrazo. “Candy, entiendo tu preocupación, así que no repetiré los errores de mi padre y haré mi mejor esfuerzo para cuidarme.”

Asintiéndole con la cabeza, enterré mi rostro en su cuello. “Te amo tanto, y no quiero perderte.” Habiendo dicho esto desde el fondo de mi corazón, puse mis brazos alrededor de él, apretándolo a mí con todas mis fuerzas, como si quisiera recalcar mi punto.

Entonces él dio palmaditas en mi hombro para consolarme, “También te amo, Candy, nada deseo más que pueda envejecer contigo.”

Otro día
Sin tu sonrisa
Otro día simplemente pasa
Pero ahora sé
Cuanto significa
Para ti quedarte
Justo aquí conmigo

El tiempo que pasamos separados hará que nuestro amor se fortalezca
Pero duele tanto que no puedo soportarlo más

Quiero envejecer contigo
Quiero morir en tus brazos
Quiero envejecer contigo
Quiero estar mirando en tus ojos
Quiero estar ahí para tí
Compartiendo todo lo que tú haces
Quiero envejecer contigo [3]

Luego, él lentamente soltó mi agarre y con suavidad acarició mi mejilla, preguntando, “Un día cuando sea un viejo gruñón, ¿Empujarás mi silla de ruedas y cantarás para mí, a pesar que pueda ya estar sordo y ciego?”

Le asentí con claridad, con mi rostro cambiando en una sonrisa. Luego, sosteniendo su rostro con mis manos y contemplándolo cariñosamente, pregunté, “¿Y qué pasará si un día me convierto en una fea anciana? ¿Aún me amarás?”

Mi pregunta hizo que sonriera con ternura. Él respondió, “Antes que nada, tú nunca lucirás fea para mí, Candy, y-“

Lo interrumpí y seguí presionando, “¿Qué si realmente me pongo fea un día, Albert? Ya sabes, imagina mi rostro lleno de arrugas y verrugas.”

Fijando sus ojos sobre mi rostro como si estuviera tratando de imaginarme así, un momento después replicó suavemente, “Yo siempre seré mayor y más feo, Candy. Tal vez incluso me vuelva calvo. ¿Quién sabe? No llegué a ver a mi padre pasar por esa edad…” Cuando su voz se fue apagando, abrió sus brazos ampliamente para mí con una sonrisa medio triste. Yo tomé la indirecta y me sepulté en su abrazo, deleitándome de la comodidad de sus brazos.

Entonces me aseguró, “Te amo no importando lo que suceda contigo, Candy.”

“Lo mismo digo, Albert,” respondí, abrazándome más a él.

En medio del cómodo silencio, lo escuché decir, “De hecho, iba a darte otra sorpresa una vez que llegáramos a Londres, pero me parece que podría contártelo ahora.”

Yo estaba totalmente intrigada y quería soltarme de su abrazo para entonces poder ver su rostro, pero sus manos estaban frotando mi espalda cariñosamente, así que permanecí en sus brazos y demandé con suavidad, “Si, por favor cuéntamelo.”

“Candy, ya sabes que tuve un estresante año en el trabajo y con el nuevo reto por delante en un entorno diferente, siento que necesito un descanso mientras tanto. Por consiguiente, después que me asegure que todo esté en orden en la oficina de Londres, quiero pasar una semana contigo en Escocia, solo nosotros dos.”

“¡Qué idea tan maravillosa!” exclamé con alegría y levante mi cabeza ligeramente para poder ver parte de su rostro. “¿Nos alojaremos en la mansión de los Ardlay ubicada en Escocia?”

“Si,” respondió y me dio un ligero beso en la frente.

“Recuerdo que fue ahí donde Archie y Stear se habían hospedado durante las vacaciones de verano cuando estábamos estudiando en el San Pablo. Yo no fui invitada a ir y la Tía Elroy-“

Corté, dándome cuenta súbitamente que había olvidado por completo el regalo de aniversario de la Tía Elroy para nosotros. Me alejé de Albert inmediatamente y noté una fingida sonrisa de suficiencia en su rostro. Como siempre, él intuyó mis pensamientos. Golpeándome la frente con la mano, grité, “Albert, ¿Por qué no me lo recordaste?”

Encogiendo los hombros, comentó, “Te he dicho antes que su regalo podía esperar, ¿Y no lo estamos pasando muy bien hasta ahora?”

Mientras me aclaraba la garganta y quería replicarle, él dijo, cambiando la sonrisa de suficiencia en una sonrisa comprensiva, “Lo siento, Candy, sé que debí habértelo recordado antes. De todos modos, ya he descubierto en donde está el regalo pero ciertamente es de gran tamaño. También he localizado los regalos de nuestros amigos más cercanos.”

Hizo una pausa aquí, lanzándome una rápida mirada, y sugirió, “¿Pero te gustaría darte una ducha primero antes de abrirlos uno por uno?”

Acepté en seguida, “Definitivamente. Necesito ducharme para controlar mi cabello.”

“Por favor, entonces adelante. Traeré los regalos a nuestra antesala y te esperaré ahí, ¿De acuerdo?”

Capítulo V: “Almas gemelas” (Parte 2)
=o=o=o=

Notas de pie de página:

[1] Para aquellas que están familiarizadas con CCFS y con la antigua novela de Candy Candy sabrán que he combinado ambas, aunque era obvio que preferí más el curso de la antigua novela.

[2] Creo que esta carta solo está en la antigua novela de Candy Candy, pero me gusta mucho. Como me ha mencionado una admiradora de Albert, esa fue una sutil propuesta de matrimonio de Albert para Candy porque él la invitó a viajar con él. Debajo hay unas copias de los extractos:

Albert escribió en su carta, “…En cuanto termine con los negocios pienso viajar nuevamente como antes con Pouppe. Cuando lo consiga, Candy, ¿Te gustaría viajar conmigo?”

Candy le responde mostrando su entusiasmo, “Cuando te vayas de viaje, ¡Por favor llévame contigo a cualquier lugar! Y si dices que no, ¡De todas maneras iré contigo!”

[3] Traducción de la letra de “I Wanna Grow Old With You” por Westlife (2001).

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  1. No sé si es amor: Capítulo IV “Promesas” » Ms Puddle's Haven

    […] Capítulo V: “Almas Gemelas” (Parte 1) […]

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